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RITA, KATRINA, WILMA, TERREMOTOS, INCENDIOS... Y TANTAS OTRAS CATÁSTROFES NATURALES. 

Muchos son los cuestionamientos, llamados, consultas, sobre qué sucede con estos acontecimientos planetarios. Por supuesto, en general el razonamiento es mágico (con la mirada acostumbrada de la humanidad, de crimen y castigo). Y además con la idea que esto le sucede a “ellos” (quienquiera que sea), no a nosotros.

Hasta ahora, la conciencia de los habitantes de la Tierra, ha sido lo suficientemente escasa, como para pensar, que a esto tan inmenso que nos contiene, no le puede suceder nada, y mucho menos, que puede sentir algo. Además, tenemos la visión, que es como un envase cerrado, que nos contiene. A pesar de saber que es redonda, parecemos ignorar que está en eso que llamamos cielo. De alguna manera, seguimos viviendo de acuerdo a lo que vemos y como sólo vemos el horizonte, que es una línea, que nos da la idea de plano, olvidamos su redondez.

Aseguramos nuestra casa, nuestro auto,  nuestra familia, nuestras joyas y nuestros viajes, sin pensar en algún momento, que el planeta está en el aire. Tenemos sumo cuidado de asegurar estas cosas, pues son “nuestras”, fruto de “nuestro” esfuerzo y trabajo y “nos” pertenecen. Todo lo que exceda los límites de lo “nuestro”, que se ocupe el otro, no sé quien. Así hemos vivido, tratando la ciudad que habitamos, el país y el planeta, desde esta mirada. Por lo tanto, tenemos la idea, que lo que sucede en otros países, no nos compete. Sucede allá. No “nos sucede”.

¡Cuanto nos cuesta darnos cuenta, que hay una casa mayor, que excede los límites de mi casa, mi ciudad, mi país, mi continente! Y que somos los habitantes de esa casa, en la que vive la humanidad: el Planeta Tierra. Meditamos, le enviamos energía, la vemos hermosa, la ponemos en nuestros logos, nos reunimos para enviarle luz, etc. etc. etc., pero la seguimos contaminando, tiramos basura, cambiamos su conformación. 

Si vemos como en una película, los cambios estructurales que la humanidad permitió que se hicieran en la Tierra, nos damos cuenta que la más alucinante película de ciencia ficción, no logra excederlo. Desviamos ríos, hicimos lagos en zonas desérticas, talamos selvas para hacer llanuras, invadimos las aguas para hacer ciudades, playas,  modificamos montañas, tiramos bombas en los océanos, en la superficie y en el exterior, desintegramos glaciares, corrimos témpanos, extraemos la riqueza, sin cuidar que la fuente queda intacta.

¿Qué le sucedería a un hombre o mujer, a la que le desviamos las arterias, le ponemos el corazón donde están los genitales, el cerebro donde estaba el corazón, los genitales en el lugar del hígado y el hígado en la cara, un brazo en el estómago y otro entre los omóplatos? ¿Suena a lo que llamamos “monstruosidad”?

Si partimos de la base que el planeta es un ser vivo, una conciencia, con todos los elementos que conocemos: agua, tierra, aire y por supuesto espíritu, es lógico pensar que en algún momento, re - accionará a los cambios continuos que los seres humanos hemos producido en él, conciente e inconcientemente.

Cuando comenzamos a tener esta conciencia, que nos lleva a hacernos cargo que por ignorancia, por desidia, por conveniencia, por los mil motivos que pudimos haber tenido, permitimos que esto sucediera, nos damos cuenta, que esta ola de catástrofes, empezó hace mucho tiempo, como la onda que genera una piedra tirada en el medio de un calmo lago, y que es imparable, salvo por una nueva toma de conciencia de la humanidad toda. Y cuando hablo de conciencia, significa responsabilidad, que conlleva a la impecabilidad, la justicia y la ética, que debería ser el trabajo personal e intransferible, de todos los seres vivos.

Me cuesta exponer tan crudamente esta realidad. Desearía hacer un artículo sutil sobre lo que la Tierra y la Humanidad somos. Sólo he descripto una parte y supongo que cada uno seguirá reflexionando en lo personal qué cosas hizo o no (que es lo mismo), para que esto sucediera. Y qué sigue haciendo. Y cómo cambiar, de veras, nos vean o no.

El tener esta mirada, nos saca de la idea del crimen y castigo. Nos ubica en el lugar de en qué influí para que esto sucediera. Aunque sea pequeño. Porque esto nos hace arribar a otra realidad: lo que hagamos, grande o pequeño, influye a la totalidad, porque somos a imagen y semejanza de ella y a ella pertenecemos.

Lo que haga conmigo, genera cambios en mi familia y en mi casa, y ello influye a la sociedad que me rodea, por lo tanto al país; lo que suceda en Argentina, influye al Planeta y así vamos influyendo sobre el Universo, en positivo o negativo.

Cuando hablamos de Astrología y describimos los tránsitos, debido al ejercicio que tenemos de quedarnos con lo ilusorio y mirar hacia afuera, no hacia adentro, obviamos lo concerniente a que para que acontezca lo lindo, debe finalizar,  en todos, lo que no corresponde.

La realidad en la naturaleza, en los gobiernos, en las personas, en los pueblos, nos muestra todo este colapso, que se está dando y que debe suceder, para que amanezca Acuario. Todo esto es lo que no queremos ver de Plutón en Sagitario, Urano en Piscis, Neptuno en Acuario, Saturno en Leo y Júpiter en Libra, pasando a Escorpio en Octubre de 2005.

¿Qué vemos cuando miramos? ¿De qué sirve saber las maravillas que van a suceder, que no se van a dar, si no cambio ahora, adentro mío, desde lo ínfimo y en este instante?

María Ester Abal Vella
Astróloga y Terapeuta Floral


 

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