LUNA LLENA DE TAURO-FESTIVAL DE WESAK
Comparto con ustedes un e- mail que recibí. Creo que es una descripción simple, clara y profunda...
Nota clave: "Veo, y cuando el ojo está abierto todo se ilumina"
María Ester Abal Vella
Fue durante el plenilunio de Tauro que Buda alcanzó eso que llamamos iluminación. También se dice que él nació y murió en este plenilunio. La vida de Buda hecha mito es hoy uno de los símbolos más poderosos y profundos que la historia ha podido conocer. Actualmente disponemos de todo tipo de estudios profundos y testimonios sobre esta experiencia trascendente cuyo camino fue abierto por Buda. Sin embargo, a pesar de estos conocimientos, el misterio permanece y la significación esencial de ese mito resbala a cada tentativa de ser alcanzado por nuestro intelecto. La historia de Buda es hoy bien conocida en Occidente. Muy temprano en su vida se formuló la pregunta sobre el sentido de la vida, cuando comenzó a constatar que el sufrimiento era algo inseparable de la existencia humana. Esa búsqueda del sentido de la existencia lo llevó a probar diversos caminos, siendo el del ascetismo uno de los más importantes en esa época.
Pero sus esfuerzos se revelaron infructuosos ya que a pesar de todo continuaba sin comprender. Un día, decepcionado por el fracaso, se sentó bajo un árbol y tomó la decisión de no moverse de allí mientras no hubiera comprendido y la luz fue. Lo que voy a decir constituye mi propia comprensión sobre la vida de ese Gran Ser y de la experiencia que lo acompaña: la iluminación. Muy temprano comenzó a formularse la pregunta esencial.
¿Qué pregunta? Es la pregunta que uno se formula a menudo cuando nada marcha bien en nuestra vida, cuando uno se encuentra sumergido en una situación límite constatando, cómo lo hizo Buda, que el sufrimiento es compañero inseparable de la existencia.Cada sacudida y cada fracaso constituyen entonces una oportunidad para que el alma pueda alcanzar la atención del hombre. Es cuando uno piensa en la muerte y en la relatividad de nuestras certezas, que puede producirse un momento de equilibrio dentro de una máxima tensión, donde durante algunos instantes todo permanece inmóvil. Entonces, la luz que siempre ha estado retenida fuera de nuestra conciencia inunda ésta, provocando eso que uno llama la iluminación. Pero, ¿cómo permanecer en la tensión con una mirada objetiva sobre la realidad tal como ésta aparece ante nuestros ojos y, por lo tanto, sin dejarnos atrapar por ella? Buda acudió allí donde el sufrimiento existía, en las ciudades, en los caminos de los hombres, allí donde encontró gente enfrentada a la prueba de la vida cotidiana. Lo que lo motivaba no era pues una visión filosófica sobre el sentido de la vida y la significación esotérica de las cosas y de los acontecimientos, aunque Él estuviera bien ilustrado sobre esos temas.
Como Cristo, el acento fue puesto sobre la realidad cotidiana, y fue allí donde todo sucedió. Buda comprendió enseguida que era preciso buscar en el interior de sí mismo y no en otra parte. Toda la búsqueda que desarrolló nos muestra que la iluminación es de alguna manera preexistente a su manifestación. Estaba ya presente cuando buscaba la luz. Cuando nos sabemos en la oscuridad es como si la luz estuviera ya allí. ¿Cómo podríamos reconocer la oscuridad como tal, si en alguna parte no tuviéremos la luz con nosotros? Esto hay que verlo muy fríamente pero sin indiferencia. Cuando reconocemos esa luz presente en nosotros, precisamente cuando nos encontramos en una tensión, entonces allí se produce la iluminación. Pero ante la oscuridad nuestra reacción más frecuente es la del temor que puede conducirnos a la dependencia o a la rebelión.
Como lo hizo Buda, tenemos que probar diferentes caminos antes de llegar al "árbol Bodi". Es un combate gigantesco entre la luz y la oscuridad y con una tal tensión, que a uno no le queda otro camino que despertar. Es un combate en el que todo es decidido y esto sucede a cada instante, aún, en el dominio de nuestras células. Es por este motivo que la muerte y la significación de la existencia permanecen siendo puntos límite y también puertas de iniciación. A menudo estamos tan absortos en la búsqueda de la luz que no nos damos cuenta de su condición primera: tener necesidad de ella. Hay que alcanzar ese punto límite, enfrentando esa puerta simbolizada por el sufrimiento y la absurdidad. Hay que mantenerse en ese punto sin rebelión y sin abatimiento: es un momento pleno de sinceridad y de fuerza. He dicho antes que la iluminación es algo preexistente a su manifestación, es decir que la luz existe ya cuando uno la está buscando. Todo es entonces una cuestión de "posición", y Buda se sentó bajo el árbol Bodi. Allí realizamos la experiencia de la luz percibiéndola como oscuridad. Es un momento de pura autenticidad. Permanecer derechos ante esa oscuridad, sin negarla pero afirmando nuestra necesidad esencial de comprender, nos permite permanecer bajo el árbol, sin resistencia, sin oposición, con una máxima apertura... ¡y la luz fue! En ese momento de tinieblas se revelan nuestros fantasmas, espejismos y todo tipo de ilusiones. Es el dominio de la Luna. Esta se encuentra en el signo de Escorpio y en oposición al Sol en el momento de este plenilunio, lo cual indica que hay que enfrentar la ilusión y vencerla antes de alcanzar la iluminación en Tauro. Una oposición muestra siempre una tensión extrema entre valores opuestos. Resolver una oposición es reconocer la identidad esencial entre esos valores opuestos. ¿Cuál es entonces la identidad esencial entre la luz y la oscuridad? Ningún razonamiento puede decirnos cómo esto sucede. Es algo similar a los problemas que encuentra la física cuántica cuando trata de explicar los fenómenos que tienen lugar en las experiencias sub-atómicas. Pero Buda permaneció y de algún modo la luz llegó a ser oscuridad y la oscuridad luz, siendo los dos movimientos simultáneos.
La Luna, según se dice, se encuentra "en caída" cuando se trata del signo de Escorpio, lo cual nos muestra una vez más la necesidad de desembarazarse de la ilusión y especialmente de la dependencia maternal, de todo aquello que constituye el paradigma socio-cultural en un momento dado. Esa dependencia sostiene todas nuestras certidumbres, nuestra necesidad de saber y también, paradójicamente, nuestra búsqueda espiritual. Es necesario el silencio para que la decisión que vamos a tomar bajo el árbol Bodi sea una decisión plenamente nuestra, sin ninguna influencia exterior o interior. Es entonces cuando podemos emplear esa luz que espera detrás de nosotros dispuesta a manifestarse en el momento en que hay una obertura. Sin embargo, es tan difícil permanecer en la tensión sin producir inmediatamente una "extensión". Es un ¿combate terrible que es necesario aceptar completamente. El primer paso consiste en aceptar la situación. No se trata de conformarse a la situación, aceptar el acontecimiento o la realidad despiadada que viene a romper nuestro juego. Se trata de aceptar la realidad de la situación, podemos no estar de acuerdo con nuestro espejismo, pero en tanto no habremos liberado la energía que contienen, tendremos necesidad de ellos. Y esa energía es liberada en esa tensión serena, en esa lucidez, un poco como lo hace la luz preexistente que comienza a filtrarse en los repliegues de nuestra conciencia desde el momento en que soltamos presa y nos hacemos no-resistentes. Buda nos ha dado el ejemplo. Para Él ha sido preciso aceptar no el sufrimiento sino el combate. Para nosotros es muy difícil comprender el sentido esencial del combate porque ya no sabemos combatir. Son los japoneses quizás quienes han conservado una alusión a ese combate esencial con sus "artes marciales". El resultado del combate es siempre la victoria. Pero, la victoria de quién, diríamos nosotros. Pues bien, es en ese momento, cuando nos hacemos esta pregunta, que perdemos toda la energía para combatir. Entonces, aún si ganamos siempre seremos perdedores. Identificados a nosotros mismos constatamos que podemos tanto ganar como perder. Y aún si somos nosotros quiénes resultamos vencedores, esta victoria no llega a ser nunca definitiva ya que el otro, el contrario, no es nunca definitivamente derrotado. Es por esta razón que nuestra paz actual necesita una policía y una fuerza militar para ser mantenida. Aceptar el combate, mas allá de la victoria o la derrota, permite descubrir su verdadero sentido. La luz brota y uno descubre que todo está ya allí, que en realidad hemos dado la vuelta a la tierra para alcanzar precisamente esto que se encuentra delante nuestro. Sin embargo, realizando todo este recorrido hemos podido conocer la realidad de la existencia. Es pues en esa realidad duramente conquistada que puede producirse la experiencia de la iluminación. Es una luz diferente de aquélla que conocemos; penetra nuestro tejido de sombra y luz y lo electrifica. El sentido penetra todo y nosotros no podemos entonces más que comprender lo que es, tal como es. Es la realidad sin reacción emocional aún si la vivimos con todas nuestras emociones. Es una luz que trasciende la realidad sin excluirla. El combate es decisivo y sagrado. Entre la muerte y la resurrección existe ese combate que podemos cambiar en victoria cada vez que una decisión consciente nos permite asumir una tensión con desapego. Esta es la palabra clave de toda esta historia y juega un rol esencial cuando el discípulo provoca una victoria. Aceptar la victoria es tan difícil como aceptar el combate. La victoria siempre debe desaparecer para permitir su perpetuación en nuestros mecanismos de vida. Es muy duro aceptar la luz y la victoria como algo natural, como algo a vivir cotidianamente sin exaltar ni esa luz ni ese fuego de victoria. Si queremos superar una vez por todas la dualidad, jamás tendremos los medios para crear una tensión real. La dualidad es algo que debe ser utilizado para crear puntos de tensión lo cual nos llevará a un nivel vibratorio más sutil. Es en esa nueva dimensión que la dualidad es trascendida, pero no antes. Entonces uno puede, por ejemplo, remarcar que el sufrimiento no es otra cosa que la alegría sofocada, participando ambos aspectos de una misma energía. Cuando se aceptan las reglas del juego, el simple .hecho produce la alegría, y entonces ganar o perder ya no tienen importancia alguna. Con el desapego real uno puede "dirigir" los resultados del juego, uno puede hacer siempre algo de ese juego. Otra palabra clave para este plenilunio es pues "saber utilizar la energía, moldear la materia según el propósito divino". Es el alma que toma posesión de su vehículo. El desapego sirve para ver todo esto con objetividad. Con el desapego los fantasmas de nuestra psique son descubiertos y vencidos. Con el desapego la luz es reconocida. Pero cuán difícil es el desapego, y también el desapegarse del propio desapego tal como el iluminado debe desapegarse de su victoria y de la luz que ha recibido y que desde entonces debe aprender a transmitir a otros. Se dice: es la personalidad quien siembra nuestra vida de trampas. Pero en realidad no es la personalidad quien estorba, aún sí todos los males se hacen sentir allí. Es el discípulo, perdido entre las olas de sus idas y vueltas, que no llega a alcanzar su propio centro, ese lugar donde las cosas suceden realmente, el centro de su personalidad para ocuparla, dirigirla y darle un sentido. Buda se sentó bajo el árbol y determinó no moverse en tanto no hubiera alcanzado la comprensión. Aceptó el combate, conoció las "tentaciones'' y, sin embargo, no perdió su equilibrio. Todos los opuestos se dieron cita en su aura y allí, creo, tuvo conocimiento de la Ley. Entonces sonó la palabra clave y la luz fué!
Fuente: Este texto se escribió para la Luna Llena de Tauro de 1986, leído en el Centro de Ginebra de la Escuela Arcana. Enviado por Toñy Polo, Madrid, España.
Modo de Participar en el Festival Wesak: Mediante el ayuno, la oración y eventualmente la meditación grupal, con el delineamiento de meditación Dejar penetrar la Luz. Recitar tantas veces como sea posible La Gran Invocación, los dos días previos, el día del Festival y durante los dos días posteriores. El programa mínimo es recitarla al amanecer, al mediodía, a las cinco de la tarde, al anochecer y en el momento exacto del Plenilunio que marca el punto culminante. Mantener permanentemente un estado de atención y de serena expectación. Nadie es demasiado insignificante para prestar servicio, pues la totalidad de las vehementes aspiraciones traerá la bendición. Todos podemos hacer algo para terminar con el actual estado de cosas, e introducir un período de paz y de buena voluntad en el mundo.
Información distribuida por:
Buena Voluntad Rosario
www.sabiduriarcana.org
bvr@sabiduriarcana.org