El primer termómetro práctico (instrumento para medir la temperatura) fue inventado a fines del siglo XVI por Galileo Galilei. Era un instrumento rudimentario que indicaba de manera aproximada las diferencias entre frío y calor.
El termómetro se basa en el principio en el que un líquido o gas contenido en un tubo de vidrio delgado se contrae o expande con mayor rapidez que su recipiente con el cambio de la temperatura. Así, el contenido (que siempre es coloreado) señala la temperatura en una escala graduada.
En el año 1714 el científico alemán Gabriel D. Fahrenheit diseño un termómetro en el que por primera vez se utilizó mercurio. También creó la escala de temperatura que lleva su nombre, en la que 32ºF indica cuando se hiela el agua y 212ºF marca el punto de ebullición (de hervor) del agua.
En la escala Fahrenheit los grados se denominan grados Fahrenheit y se expresan así: º F
En 1742 un astrónomo sueco llamado Anders Celcius determinó la escala de los grados centígrados: º C, y estableció, para esta escala, el punto de ebullición del agua en 100ºC y el del congelamiento del agua en 0ºC.