Baños de
Luna
Desde la
ficción,
el real
maltrato
del
medio
ambiente.
Andaban
juntos
por el
campo.
Así
llamaban,
decían,
en otros
tiempos
a aquel
lugar.
si
miraban
con
atención,
tal vez
hallarían
restos
de
aquellos
materiales
compactos
e
irregulares
u otros
más
resistentes.
Según
habían
estudiado,
destinados
a
construir
viviendas.
Los
niños
corrían
sin las
máscaras
protectoras,
ajenos a
las
advertencias
de sus
padres,
sabedores,
empero,
que se
acentuaba
el
peligro
del
aire.
¿No era
este
acaso,
quien
devastara
a toda
una
civilización?
La niña
de
pronto
se
detuvo
ante un
fósil,
uno de
los
pocos
que
existían.
¿Cómo se
llamaban?
¡Ah sí,
árboles!
Cerró
los ojos
y trató
de
imaginarlo
cubierto
de verde
y ,
según la
historia,
algunos
hasta
con
sabrosos
frutos,
frutos
al aire
libre
recién
arrancados
y
saboreados
así, sin
verificación
alguna.
El
muchacho
la
miraba
atentamente,
mientras
escuchaba
el
parloteo
de su
amiga y
pensaba
con
admiración:
cuántas
cosas
del
mundo
anterior
sabía su
compañera...
pero eso
de comer
fritos
del
árbol
directamente...
pura
ciencia
ficción.
se cuidó
muy bien
de
contradecirle.
Además
la niña
ya
volaba
hacia el
río
artificial
más
cercano...
¿Naturales
y con
peces
alguna
vez?
Sonreía
divertido
el niño.
Les
encantaban
aquellos
lugares.
Volaban
largo
tiempo
para
llegar a
ellos,
pero
valía la
pena
¡Era tan
puro el
silencio!
Las alas
mecánicas
brillaban
con la
claridad
de la
luna.
¿Sería
verdad
que
alguna
vez los
humanos
trabajaban
y
paseaban
aprovechando
la luz
del sol?
¡Increíble,
sencillamente
increíble!
La niña
se
detuvo
al
tropezar
con
algo.
Curiosos
como
examinaron
el suelo
amarronado
y vieron
que
desde
una de
sus
grietas
asomaba
un
objeto
al que,
seguramente,
algún
viento
de
aquellos
terribles
que
azotaban
la zona,
dejara
al
descubierto.
fue
imposible
extraerlo.
Regresaron
noches
después
con una
especie
de
soplete
expeledor
de aire
con
increíble
fuerza.
Poco a
poco
desenterraron
aquello,
era de
forma
ovoidal
y tenía
una
inscripción.
Lógicamente
sus
estudios
no eran
tan
avanzados
como
para
descifrar
tales
jeroglíficos.
Esperaron
pacientemente
la noche
de ese
ciclo
que les
correspondía
concurrir
a la
escuela.
Llegado
el
momento,
con sumo
cuidado,
llevaron
al
hallazgo
al
“enseñador
de
turno”.
Este
consultó
libros
antiquísimos
y pidió
ayuda a
La
señora
mayor de
las
Luces,
quien
luego de
emitir
miles de
imágenes
y
sonidos
más
agudos
que de
costumbre,
expuso
su
conclusión
inapelable.
El
objeto
de forma
ovoidal
decía:
Bs. As.
Año 2000.
Este
descubrimiento
y su
estudio
posterior
descartó
miles de
teorías
sobre
aquella
lejana
civilización.
Fue un
gran
acontecimiento.
Cuando
recibían
las
felicitaciones
de la
Señora
Mayor de
las
Luces,
Los
rostros
grises
de los
niños
sonreían
felices.
Esa
noche
volaron
juntos,
charlando
y riendo
llegaron
al lugar
elegido.
La niña
comentó:
¿Hallaremos
alguna
vez en
lugar de
este
inmenso
desierto,
campos
verdes
en flor,
aquello
que
llamaban
bosques
y
árboles
frutales?
¡Qué
maravilla,
recostarse
sobre la
hierba
fresca y
gustar
un fruto
de
aquellos!
Qué
sueños
fantásticos
los
tuyos,
amiga.
Ficción,
pura
ficción,
leyendas
fabulosas
de
tiempos
lejanísimos.
Dijo el
niño,
recostándose
sobre un
pequeño
lugar
sin
grietas
e
invitando
a la
niña a
tomar
luna a
su
lado.
Matilde
López
Camelo
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