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LOS MITOS

“ El mito es físicamente falso,pero metafísicamente verdadero”. J.B. Vico.

Pobre Juan B. Vico, como filósofo italiano del siglo XVIII, le tocó remar contra la corriente racionalista del Siglo de Las Luces que depositó toda su confianza en la razón humana. Desde hace mucho tiempo se entiende que el mito es algo falso ( pero, eso ¿ no es un mito?). Si esto es cierto, no podemos dejar de concluir que los humanos necesitamos creer y fabricar mentiras. El mito es poesía, es una narración que recurre al símbolo que es un lenguaje muy particular, que comparte el arte. Por lo tanto, no le pedimos al mito la objetividad que la ciencia exige en cada proposición ( el principio de tercero excluido indica que lo que se afirma puede ser verdadero o falso y no hay otra posibilidad). Recurriré a dos figuras mitológicas para explicar la dinámica del mito.

El mito ya no domina el centro del escenario del conocimiento humano. Sabemos que ese lugar lo ocupa la ciencia que no da abasto con la demanda humana de que esta debe hacer felices a los pueblos. Y hay muchos científicos que pensaron esa misión en su infancia y luego, el adultez mediática de sus guardapolvos blancos, pensaron que la ciencia no tiene otra misión que la búsqueda de la verdad. Tres grandes verdades, tres dolorosas verdades pulverizaron el optimismo y la vanidad humana. Copernico nos ubicó en un mundo, un planeta cualquiera insignificante ante el vasto universo; Darwin nos hizo comprender que no éramos una creación aparte y una criatura dilecta y por último Sigmund Freud nos desalentó de la costumbre de guiarnos por la razón y señaló que la parte sumergida del iceberg era determinante para la pequeña cima que flota en el mar ( lo sumergido es el inconsciente que determina la conducta y la pequeña cúspide es la conciencia). No podíamos dejar de resentirnos, jugábamos desnudos en medio de las verdades y asumimos la fragilidad que ya había anunciado en el siglo XII un filósofo chino que nada tenía de copernicano, darviniana y freudiano: “ la vida es el reflejo de una gota de rocío en el pico de un pájaro que va volando”. Logos ( es el discurso argumentado que a veces se traduce mal como razón), contra mito (discurso fabuloso, falso). Así están las cosas hasta el día de hoy.

La mitología parece ser un Prometeo encadenado donde la razón, el ave de rapiña, le come su hígado cada mañana, hasta el mediodía en que comienza a reengendrase para el banquete de la otra mañana. Prometeo ( que significa “pensar antes”) es un astuto titán, “ primo de Zeus”, que engaña a los dioses. Algunos autores lo sindican como el constructor de los primeros humanos entre los griegos , fabricados con arcilla. Una vez durante un sacrificio, Prometeo había descuartizado un buey. En un montón puso lo mejor y lo tapó con el vientre del animal. En otro, juntó los huesos y los recubrió con grasa. Le pidió al campeón de los olímpicos que eligiera la parte de los dioses, el resto quedaría para los hombres. Tomó para sí lo peor, pero bien envuelto, se llevó por las apariencias, como los troyanos se guiaron por la apariencia sacra del caballo abandonado en la playa. Luego, Zeus castiga a los hombres privándolos del fuego y Prometeo lo roba, “ las semillas de fuego”, los introduce en una caña hueca y lo dona a los hombres que ya no necesitaban del suministro divino. Luego viene el castigo a para uno y para otros. A los hombres le envía a Pandora, la mujer que trae en su caja todas las desgracias y enfermedades. El hermano de Prometeo, Epimeteo (que significa pensar después), la abre y es así que no hicimos acreedores a la muerte, la enfermedad, la vejez, la mentira, el robo, la calumnia, etc. A Prometeo, un campeón de la causa humana, un protomesías, Zeus lo encadena con aceros en un monte en el Cáucaso. Los castigos de los dioses griegos son ejemplares y eternos. Así que podemos hacer subir a la mitología como un Prometeo encadenado a la roca y con su hígado consumido una y otra vez por la razón.

Pero podemos eludir la dramática escena. El mito se esconde en las profundidades de la psiquis humana. Como los sueños, proviene del inconsciente y como los sueños, se manifiesta a través de los símbolos. Y los símbolos son el arsenal del conocimiento humano, una breve fórmula de la sabiduría humana. Por eso, la amenaza de la extinción del mito, traerá como consecuencia, la extinción de la condición humana. Amenazado el mito por la razón, recurre a otro notable personaje de la mitología griega: Proteo, y ha quedado acuñado la proteico asociada a metamorfosis. Proteo es a veces, un dios marino que apacenta los ganados de focas y lobos marinos en los vastos océanos. Tiene el don profético, es decir, de poder predecir los hechos. Por lo tanto, siempre es molestado por alguien. En otras leyendas se lo ubica como rey de Egipto que se queda con Helana en estas tierras, mientras griegos y troyanos se parten los yelmos unos a otros. Y bien, así es el mito, siempre reaparece como Proteo, con una nueva forma y cuando la razón lo arrincona con una cuchara pues el dios es líquido, se transforma en aire y cuando la razón vuela con plumas, se transforma en tierra y cuando la razón escarba, siente el calor abrasador de un Proteo en llamas.

El mito es un reactivo contra las propiedades de la materia, contra la ley de la gravedad y las cinco de la termodinámica, y la lista sigue. La premisa básica es que las condiciones de la vida son inaceptables para los humanos porque no estar conforme es parte de la naturaleza humana. Lo mismo sucede con el deseo, que una vez colmado, reaparece como Proteo, en otro nuevo. El mito se oxigena en la imaginación y la aceptación final de la realidad, es imposible para la psiquis humana; oprobiosa sería la palabra o acaso también podría ser, en lugar de oprobiosa, injusta. Por lo tanto, aunque los mitos tratan el tema de la muerte, todo mito es un dique contra la muerte. Así como para el incosciente la muerte es algo que no sucederá, la muerte para el mito es un acto imposible. “ El mito es el ropaje del misterio” anunció Thomas Mann. ¿ Cuál es el misterio supremo en la vida de un hombre?. ¿ Hace falta explicitar lo obvio?. En el mito, ni el nacimiento ni la muerte son actos definitivos, irreversibles. Tal vez en esto descanse el poder de irradiación y permanencia del mito.

Prof. Guillermo Echavarría Molloy
Florida, Agosto 9 del 2005



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