EL
POBLAMIENTO DE IRLANDA.
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“Oh mujer, cuando estés en mi poderoso
país, portarás una corona de oro sobre tu cabeza… Oh,
bella mujer, ¿ vendrás conmigo?”. El cortejo de Etaine.
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La
historia de cómo los irlandeses llegaron a ser lo que
son es más fantástica que complicada. Sabemos que la
condición de insularidad protegió a la isla de los
romanos y de los efectos de la cultura latina. Mas no
dejó para algunos investigadores de tener influencia
de los griegos. A juicio de Artois de Jubainville hay
un patrón similar entre el doblamiento y la conquista
de Grecia y la Irlanda. El patrón es de las razas de
oro, plata, bronce y hierro, en orden declinante de
perfección, de mayor a menor respectivamente. Lo
acontecido es que una suplanta a la otra sin dejar
descendencia. Aunque se puede admitir en superficie un
cierto paralelismo que pudo haber sido incorporado
bajo la influencia griega, el orden de perfección se
ve alterado con el patrón irlandés. Simplemente,
Irlanda fue poblada sucesivamente por las siguientes
razas: Partolón, Nemed, Fir-Bolg, Tuatha De Danann y
finalmente, los hijos de Milé. Para Artois de
Jubainville, los De Danann se correspondería con la
raza de oro de los griegos, Partolón con los de plata
y Temed con los de bronce. Como vemos, hay que forzar
el orden de llegada y caída de estos seres divinos y
humanos.
Por otro lado, debemos tener en
cuenta que Irlanda se vio favorecida por su
insularidad de la catástrofe que aconteció con la
caída del imperio romano y todo el movimiento de
pueblos indoeuropeos que asolaron el continente hasta
el siglo IX. Por otro lado, nunca los vikingos
pudieron coronar a un rey suyo en la verde Eire.
Tempranamente evangelizada por San Patricio, en el
432, Irlanda se constituyó en formadora de clérigos
evangelizadores, portadores de la cultura clásica y de
los preceptos y conductas clericales. Por lo tanto,
en los monasterios irlandeses, estuvieron a salvo las
semillas de la cultura occidental y desde allí,
partieron para revitalizar lo perdido con Roma.
Ahora bien, por más liberalismo
que pudiera esgrimir la iglesia celta frente a la
romana, no se podía trazar una historia de Irlanda que
no arrancara del centro del cristianismo, y el centro
de la tradicción judeo-cristiana es el Génesis. Todas
las historias circulaban en forma oral ya desde el
siglo V por Irlanda y se escribieron no antes del
siglo XII. Esto nos priva de la veracidad de las
fuentes escritas, pues, los celtas se vieron
compelidos a dejar la palabra escrita de lado. No la
ignoraban, pero la prédica de los druídas era
contraria a la palabra escrita. Ella debilita la
memoria y por otro lado, la palabra escrita tiene un
oscuro fatalismo: una vez escrita es inmodificable y
por otro lado, puede caer en manos impías causando un
gran daño. Por lo tanto nos hallamos ante un doble
problema: la lejanía de las acciones y la poca
fiabilidad de los monjes en seguir fielmente la
historia que se apartaba o que repelía a la
sensibilidad cristiana.
El relato del doblamiento de
Irlanda está escrito en el Libro de las Invasiones (
Lebar Gabala: Leabhar Gabhála), que data del siglo
XII, aunque ya en el siglo X se cita por primera vez a
Cessair, de quien hablaremos enseguida.
Para los viejos historiadores
irlandeses, Gildas por ejemplo, la historia de Irlanda
comenzaba con Partolón. El monje-poeta que recopiló la
historia en el Libro de las Invasiones comienza
diciendo sobre la historia de Partolón: “ Nadie de la
raza de Adán ocupó Irlanda antes del Diluvio”. Tampoco
fueron cuidadosos los recopiladores de la Biblia
cuando juntaron dos tradiciones distintas en el
Génesis 1 y Génesis 2.
Como afirmamos antes, era
importante que la historia de Irlanda comenzara con
los descendientes de Adán. Para eso detallan una
historia en donde, uno de los hijos de Noé, Bith
parace no haber hecho las reservas con tiempo dentro
del Arca. Por lo tanto, Bith y su hija, Cessair se
quedan sin lugares y deciden salir desde Tierra Santa
en tres navíos. En una versión algo más pagana,
Cessair adoraba un ídolo que la incentivó para viajar
hacia Irlanda y de paso, la fue guiando en el tiempo y
trayecto. Estuvieron deambulando por los mares durante
siete años y tres meses, desembarcan en Irlanda, en lo
que hoy se conoce como Corca Guiny. Por lo tanto, los
primeros habitantes de Irlanda son Cessair y su padre
Bith, otros dos hombres más, Ladru y Fintan y
finalmente, cincuenta mujeres. En resumidas cuentas,
se reparten las mujeres en tres lotes. A los cuarenta
días del desembarco, se desata el Diluvio Universal.
El agua crece y se destan tormentas inmensas. Irlanda
no tiene picos elevados donde refugiarse y el agua
alcanza a los grupos cuyas montañas bajas y abovedadas
que no acuñan el trueno y el rayo, van tomando el
nombre de los jefes de lotes: Ard Ladran de Ladru,
Sliab Betha de Bith, Cuil Cesra de Cessair. El único
sobreviviente es Fintan, el poeta Fintan. Antes de
seguir con la interpretación del relato, me gustaría
comentar que los números tres y siete son fuertemente
míticos y siempre que aparecen hay que destacarlos:
tres días de agonía, resucitar a los tres días, tres
barcos sobre la mar. Tres noches no hay ninguna
especie de luna en el firmamento y eso para estos
viejos lectores del cielo, era un fuerte indicio. Lo
mismo podemos decir del número siete, pues siete son
las notas musicales, los colores del arco iris, los
días de la semana, etc. Siete es un número que agrupa
el tres que es masculino y el cuatro, que es femenino.
Por otro lado, cuarenta también es un número
mitológico y potente: cuarenta días de diluvio,
cuarenta años de vagabundeo judío en el desierto, los
días que Jesús se retiró al desierto, y la cuaresma,
etc.
La figura de Cessair se
extingue dejando un nombre brumoso como atributo. Eso
es todo el final, pero no el principio. Las mujeres
–se dice- han tenido un destacado papel dentro de la
cultura celta. Ya conoceremos detalles, pero para
mantenernos en el tema de Cessair, puede ser una
remembranza de la gran diosa Banba, antiguo nombre de
Irlanda, y antigua trilogía femenina junto a Fotla y
Eriu, de donde viene el nombre Eire, que es el nombre
de la república de Irlanda. Cessair, una gran diosa,
una gran maga, una gran mujer.
Pero el personaje enigmático es
Fintan, el único sobreviviente de esta aventura. Se
dice que vivió por más de cinco mil años, y es el
verdadero testigo de los inicios de la historia humana
en Eire. Siempre hay un ojo humano que traduce lo que
ve para las generaciones que siguen; siempre hay
alguien en el mundo que conoce toda la historia humana
pues el tiempo del mito no es el tiempo lineal tal
como lo concebimos hoy, el tiempo del mito es circular
y todo vuelve a repetirse y todo lo que hay que hacer
es colgarse de un árbol, y desde la rama cantar la
vieja historia humana solo desconocida por los propios
humanos en su honda soberbia de creer que el mundo
empieza en cada nacimiento. El mundo es ancestral y si
tuviéramos la oportunidad de vivir dos millones de
años con un puñado de tierra en la mano, volveríamos a
ver la historia en cada uno de sus detalles
asombrosos. En la próxima entrega completaremos la
historia de Fintan, pues tiene su paralelo con Turan,
el testigo de turno en la llegada de los otros
invasores.
Lic. Guillermo Echavarría Molloy
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