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La Bauhaus (*)
Una escuela que
nació para perdurar
En
1970 se realizó en Buenos Aires, en el Museo Nacional
de Bellas Artes, la exposición de la Bauhaus; a la
cual tuve el gran privilegio de poder asistir. La
misma ocupaba todas las instalaciones del museo. No
pude dejar de sorprenderme de las maravillas que
hacían en esta escuela fundada por el arquitecto
Walter Gropius en Weimar, Alemania en el año 1919; la
cual fue disuelta, por su último director: el
arquitecto Mies Van der Rohe, en la ciudad de Berlín
en 1933 y que luego, junto a Gropius, Marcel Breuer,
Josef Albers; sólo por nombrar los mas importantes,
influenciaron en la arquitectura sobre todo en los
Estados Unidos.
Laszlo Molí-Nagy fundó
en Chicago en el año 1937 la “New Bauhaus”. Esta
escuela actuó en distintas áreas del diseño. El
manifiesto de la Bauhaus, de Weimar, aclaraba “La meta
final de toda actividad artística es la construcción”,
tomando las ideas de Bruno Taut; que decía “No hay
frontera alguna entre el arte industrial y la
escultura o pintura, todo es uno: Construcción”
El teatro, dentro de la
escuela se salvó gracias a Schlemmer, ya que Gropius
quería suprimirlo por que no generaba ingresos. En
1927 aparece en le programa de la Bauhaus el teatro
como una de las principales artes dentro de la
formación de la escuela. Así Schlemmer creó sus
danzas, donde los personajes realizan una síntesis
entre persona y marioneta (utilizaban mallas y
máscaras). Con respecto al teatro decía una crónica de
la época que “La función del bailar no es únicamente
vestir el ropaje, imprimirle movimiento”reduciendo la
expresión al mínimo y sustituyéndola por la geometría
del vestuario que no tiene nada que ver con los trajes
usados en ese tipo de espectáculos y agregaba: “El
bailarín sacrifica toda expresión humana y reduce sus
movimientos a un espacio matemático. Es el principio
de la máscara extendida al cuerpo entero”. Estaban
hablando de la composición de la puesta en escena.
Aunque se tomaba como avanzada artística dentro de la
pintura, la escultura y la escenografía; también el
escenario servía como espacio de combate contra todo
lo tradicional dentro del arte y la política. Tal vez
demasiado.
“El espíritu de la
maquina” es el que prevalece en esos años; la máquina
que es movida desde afuera de su estructura, adquiere
una estética en la cual lo sensible tiene poca
importancia. Según Ortega y Gasset justamente esto
sería el mejor ejemplo de “La deshumanización del
arte”.
Tuve la oportunidad de
ver dibujos animados realizados por una mujer en la
exposición en el MNBA cuyo nivel creativo y la calidad
en la animación, se podría comparar a los video clips
que tan normales nos parecen hoy en día. Todavía hoy
la Bauhaus, su espíritu, sigue encontrándose en los
diseños de objetos y utensilios, en afiches y
carteles; y en el teatro también. Muchas veces casi
sin darnos cuenta se puede ver su influencia.
Hasta la fecha no
conozco ninguna escuela que haya producido tantos
aportes al desarrollo industrial a través del arte y
el diseño y al arte en si mismo. Los modernos de los
años 20 siguen siendo modernos ¿Qué pasa en el mudo?
¿Evolución 0?...
Arquitecto Omar
Berengeno
Septiembre 2006
(*) En alemán: Casa de
la construcción
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