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Jazz

ESOS INSTRUMENTOS...

Mucho tiempo antes de que Emmanuel Pérez, el primer cornetista endiablado, apareciera en el quartier criollo de la ciudad alta, hacia 1898, una larga  evolución anónima llevo lentamente la música popular desde el Tam-Tam al Ragtime. Ashbury nos describe las escenas del Tam-Tam en el Congo Square como verdaderas escenas africanas, que muchos tocadores de tambor hacen entrar en trance a los negros. Así fue realmente, pero solo hasta mediados del siglo XVII; luego, poco apoco, el contacto de los blancos con su música melódica influyo en los criollos y los negros; pero mientras los blancos, ciegos de orgullo permanecían cerrados a la trágica riqueza del ritmo africano, aquellos en cambio, recibían el sagrado mensaje, y la música de los negros evolucionó del Tam – Tam  primitivo a una música de conjunto.

Ya en 1880 la música sincopada estaba en gestación. Todas las condiciones del fenómeno se preparaban: tal lo prueba este extracto de George W. Cable, aparecido en el  Century Magazine, en 1885: “los tambores eran muy largos, profundos a menudo construidos de una sola pieza de madera, uno de sus extremos estaba abierto y el otro cerrado por una tirante piel de cabra. Sus diámetro eran distintos: uno mayor que el otro, se tocaban con los dedos, con las manos y hasta con los pies. Golpeando salvajemente, los golpes eran lentos y vehementes sobre el tambor; furiosos y rápidos sobre el más pequeño.” Otro de los instrumentos importantes era una calabaza llena de pequeñas piedras o de granos de maíz que se agitaban violentamente con una mano mientras se agitaba con la otra. Algunos ejecutantes tocaban un triángulo y otros, manipulaban una especie de arpa que producía un extraño sonido. También usaban una quijada de caballo o de mula, que raspaban rítmicamente sobre los dientes. A veces el conjunto se reforzaba con uno o muchos barriles golpeados con un hueso.

Pero el instrumento de más jerarquía, como quien diría el primer violín, era un banjo. Tenía cuatro cuerdas y no seis, no era, en realidad, el instrumento predilecto de los negros del sur, pero para una verdadera orgía africana, en que se movía mas lo alto del cuerpo que las piernas y los pies, era este el medio de expresión sensual y diabólica del que se servían, solo los maestros americanos de origen latino podían tolerar  semejante ruido, aumentado por el ritmo de los tambores salvajes y el rasguido del banjo. A veces se agregaba una especie de flauta de pan compuesta de tres pequeños tallos de azúcar, llamada en ingles por los negros: Quills. Tal era la orquesta completa. Todos los valores de contraste que la discordancia es capaz de inspirar parecía precipitarse allí, al dictado de una frenética locura que los africanos no encontraban nunca suficiente. ¿No es esta una precisa descripción en la que se presentan ya todos los rasgos característicos del jazz? El ritmo lento del bombo y el ritmo más rápido del tambor, y el aporte rítmico del banjo y de la flauta de pan, la ronca voz de los cantores, la pausa de los instrumentos para un break y su vuelta salvaje, y en fin, el grito de los negros puntualizando su placer. Reflexionando un instante sobre los elementos de esta combinación; no se trata de un solo conjunto de instrumentos de percusión, nos hallamos realmente en presencia de un cuerpo musical constituido. Y no se trata solo de ritmos puros, sino de una verdadera orquesta que teje un fondo rítmico sobre el cual se inscriben las voces graves de los cantores, que eran aires de canciones criollas, porque los negros, después de muchas generaciones, habían transformado el francés de sus amos en un pintoresco patois del cual servían para sus temas.

Estas composiciones constituyen, a decir verdad, una introducción a la música de ragtime. El periodo del ragtime  existía antes de ser bautizada y conservara su denominación hasta que se inventa el nombre de jazz, hacia 1916. Pero en esa fecha los nuevos aspectos de esta música ya existían bajo el nombre de rag. Es así como en 1914 Irving Berlina, entrevistado para el  teatral mirror sobre lo que se entendía por música sincopada, declaró: “La sincopa no es otra cosa que un nuevo nombre del ragtime”. Las composiciones de los viejos maestros tenían una manera un tanto primitiva y tosca. La música sincopada actual no es más que el ragtime modernizado. Hace muchos años, en un baile del sud, un negro pidió a la orquesta que repitiera cierto trozo, al preguntarle cual, el negro respondió: “Ese que tenía un compás desgarrado (ragged), una especie de ragtime”. La expresión era tan justa que muchos años después, cuando ya ni la memoria guardaba de su creador, los ejecutantes continuaban llamando ragtime a aquel trozo.


Juan Carlos Corominas


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