RELACIÓN ENTRE FAMILIA Y ESCUELA
(Colaboración desde Perú)
El enfoque de un docente sobre este vínculo de delicado equilibrio
Luego del nacimiento de los hijos una de las decisiones más serias a las que se enfrentan las familias es la elección del colegio. Las variantes que se manejan en cuanto a lo económico y las expectativas de los padres, se ven contrastadas con la cantidad de ofertas que se les presentan en el marcado educativo. De allí que luego de tomada la decisión, en los primeros años de escolaridad la presencia participativa de los padres en la escuela se deja ver en las reuniones a las que son convocados y asisten regularmente.
Las estadísticas demuestran que el vínculo positivo que se genera entre escuela y padres de familia da como resultado una mejora en los objetivos centrales de la educación; formación de la persona en su integridad y como aspectos más puntuales, el rendimiento académico, el comportamiento, la asistencia, e identificación con la escuela. La idea de fortalecer la relación entre escuela y familia, se refuerza por el hecho de estar enmarcados dentro de un proyecto en el que participa toda la comunidad educativa.
Marco referencial
Sin embargo nuestra sociedad, que marca tanto a la familia como a la escuela, se ve afectada por las características propias de nuestro tiempo; los reduccionismos vigentes, la atomización en la concepción del hombre, el estilo de vida marcado por las prisas que genera una sociedad competitiva, el afán de lograr objetivos, el cumplimiento de programas, y la escasez de tiempo, va dejando en su camino un lamentable saldo en la vida de todos participan de la escuela, entendiendo el éxito de la “buena educación” en el porcentaje de ingresos a las universidades. Se suma a esto una polarización en la relación padres maestros, donde no es extraño el que en la escuela se perciba a los padres como “generadores de reclamos” y estos a su vez son llamados por los maestros para señalar las quejas sobre sus hijos.
Por otra parte los esfuerzos que se realizan desde el centro educativo para atraer a los padres de familia en los talleres, escuelas y charlas; muchas veces son devueltas con una magra asistencia a tales eventos, principalmente en la secundaria. Todo esto genera una disociación de valores, tareas e intereses entre lo que casa y escuela otorgan al alumno, donde él es el que sufre y termina aprendiendo una doble pauta situándolo entre dos polos de tensión.
Familia, educación y escuela
Cabría preguntarse entonces ¿Cuál es el punto de encuentro entre estos educadores, padres y maestros? La respuesta por obvia que sea debe generar una actitud que nos convoca a todos: los hijos. Para ello se hace imprescindible entender la educación en su sentido más pleno, el de formadora de personas, y que de lo que se apueste en los años que dure la escolaridad estará formada, en buena parte, la persona.
Comprender de parte de padres y maestros, que el centro de la educación es el hijo/alumno, como sujeto a recibir una formación holística, es la clave para generar esta unión. Entender de parte de los padres que ellos son los primeros educadores y que la educación es integradora, que la instrucción no agota la realidad escolar, y que lo que se recibe en las aulas va más allá de un mero aprendizaje de datos y habilidades, es fundamental para generar en ellos una actitud de interés y participación activa hacia la escuela. Han de haber dos movimientos; el de los padres, para que en su aproximación hacia la escuela entiendan de manera completa lo que se genera tanto a nivel aprendizaje, como en las relaciones humanas, así como transmisión de valores; y la del colegio como entidad capaz de generar relaciones de participación y formación con respecto a sus alumnos y las familias de estos.
La educación pasa por el que en el colegio se entienda que lo que se recibe en el plantel es una familia y no solo un alumno. Para ello ambas partes deben tener claro que, si hablamos de una formación integradora capaz de hacerse vida cotidiana; una sustenta a la otra.
Proceso educativo: tarea común
Se trata pues de generar conciencia de que la educación es un largo proceso en el que, el acompañamiento mutuo de padres y escuela a lo largo de todo el proceso formativo en sus distintas etapas, es la única manera de consolidar una verdadera educación. Para ello es fundamental que la escuela sea consciente que hay un tiempo de vida que transcurre en los padres con todas sus variantes, y que la proximidad inicial debe ser el principio de una larga relación en la que todos los que participan del proceso educativo van también cambiando y para ello debe estar preparada.
Al parecer las estadísticas demuestran que conforme el niño va avanzando en su escolaridad los padres van tomando distancia del colegio como centro de encuentro. Una vez más, la escuela debe ser conciente de este cambio de intereses para salirle al encuentro a esta nueva realidad que se presenta y sea un punto de referencia que esté a la altura de esta nueva realidad. Para ello la escuela debe ser un centro que esté en capacidad de convocar con propuestas originales, integradoras a los padres, es en este sentido que debe entender su real lugar en el ámbito familiar. La escuela no termina “al toque de timbre”, su influencia irrumpe en la familia; y el alumno no solo es tal al cruzar la puerta del colegio, su realidad familiar lo sigue dentro de las aulas.
La vocación a la que están llamados maestros y padres formadores, se concreta en la tarea común que tienen en los hijos, esa será la clave para unirse en un proyecto que involucra un plan educativo integrador, en el que familia y escuela participen positivamente en aras a consolidar progresivamente la formación de los hijos.