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A CIENTO CINCUENTA AÑOS DEL NACIMIENTO DE SIGMUND FREUD

 

El 6 de Mayo de 1856 nacía Sigmund Freud en Freiberg, Moravia. En 1859 su padre deja Freiberg para instalarse en Viena; allí vivirá Freud hasta 1938, año en que se produce su exilio hacia Londres a causa de la persecución nazi.

 

Promediaba el siglo XIX, la ciencia redoblaba su apuesta al progreso, la ilusión iluminista llegaba a su apogeo y su luz fascinaba al tiempo que enceguecía. El dominio de la naturaleza prometía al hombre un poder ilimitado; sin embargo, en pleno auge de ese avance tan promisorio, estalla la “gran guerra”: toda la cultura, todo el arte, toda la ciencia que parecía hablar de una humanidad gobernada por la razón como poder soberano sucumbe a una masacre que arrasará Europa, desangrándola durante cuatro largos años. Había algo más allá del dominio de la razón que se hacía oír.

 

Freud nos vino a anunciar que hay una verdad en el ser humano que está hecha de sueños, de actos fallidos, que hay una verdad que escapa a la razón, que el inconciente es la médula de la subjetividad, el deseo es indestructible y la palabra su morada.

 

Teníamos antecedentes, ya Copérnico había postulado que es el sol -y no la Tierra- el que se halla en el centro de nuestro sistema planetario; Darwin nos había arrancado de ese origen divino e incierto, para decir que somos un eslabón más en la larga cadena de la evolución de las especies; y Freud remata con la tercera herida: no es la sagrada y omnipotente razón la que dirige nuestras vidas, hay un más allá, que es el inconciente, que -enigmático y ofrecido al desciframiento- nos habita, y es el deseo siempre ligado a la sexualidad el que alberga en términos de libido la potencia de la vida.

 

Mientras que la ciencia al servicio de la razón -en términos cartesianos- intentaba clasificar el dolor psíquico, la angustia, la locura como desviaciones de una normalidad idealizada y totalitaria, acorralando el sufrimiento y asfixiando la singularidad de cada uno, Freud con valentía y una profunda convicción decide hacerle un lugar a la palabra; todo su pensamiento y toda su vida estará consagrada a transmitir su descubrimiento: el inconciente y sus manifestaciones.

 

No hay ciencia ni disciplina que aloje, como lo hace el psicoanálisis, la verdad que habita en el sujeto; no hay otro dispositivo que posibilite ese encuentro íntimo y único con lo más entrañable y, a su vez, lo más enigmático. La farmacología y las neurociencias son un nombre más del iluminismo, son una coartada para la subjetividad, silencian aquello que sólo accediendo a la palabra podría hacernos llegar algo de esa verdad que a medias dicha (como lo sostiene Lacan) busca su lugar.

 

La angustia no es sólo padecimiento, es también señal; silenciándola con psicofármacos nunca llegaríamos a ubicar lo que señala. Freud la toma como guía y eleva su dignidad, de anomalía eliminable a brújula que nos orienta, y nos invita a seguirla y a oír lo que en ella el sujeto quiere comunicar.

 

El psicoanálisis está hecho de tiempo, de palabras, de amor, de silencios y esperas. Lejos de la inmediatez, de la eficacia exitista, de la velocidad, nos propone otro tiempo, otra escena, una chance para que la libertad -a la que todo sujeto tiene derecho- encuentre su lugar.

 

A ciento cincuenta años de su nacimiento -y con él, del nacimiento de una dimensión del pensamiento que nos da la posibilidad de comprender el acontecimiento humano como no había sido posible pensarlo hasta ahora-, desde lo más sublime expresado -por ejemplo- en los frescos de la Capilla Sixtina hasta lo más abyecto mostrado en los Campos de Exterminio Nazis, el psicoanálisis nos ofrece una posibilidad de lectura y -como consecuencia de dicha lectura- de transformación de aquello que aún siendo lo peor también nos representa.

 

Freud tuvo la valentía de consagrar su existencia a la transmisión de un saber del que se sentía portador; lo hizo sin concesiones y con una pasión propia de quienes dejan sus marcas en la cultura que habitamos.

 

     Dra. Miriam Bercovich

Psicoanalista

M.N. 72.773

Coordinadora Docente y Supervisora del Centro Dos

 



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