Sobre
el
Nombre
del
padre
El
padre,
para
el
psicoanálisis,
constituye
una
figura
central
ligada
a la
ley,
a la
salida
a la
cultura
y a
la
exogamia,
ya
que
opera
desde
el
inicio
entre
el
niño
y su
madre,
impidiendo
que
ese
dueto
se
separe
del
mundo.
En
el
mejor
de
los
casos,
ella
(la
madre)
habrá
deseado
con
fervor
materno
a
sus
hijos,
los
habrá
“apetecido”,
los
habrá
querido
tener,
incluso
desde
sus
juegos
infantiles
en
la
época
de
su
niñez,
donde
actuaba
historias
con
un
cochecito
y un
bebé.
Aunque
este
apetito
materno
hacia
el
hijo
que
viene
engendrándose
en
la
mujer
no
nace
con
ella
instintivamente,
es
necesario
y
vital
para
que
el
sujeto
se
constituya;
sin
embargo,
deberá
ser
mediado
por
la
función
del
padre.
Él
será
quien
ponga
un
coto,
una
interdicción,
un
corte
entre
el
niño
y su
madre,
ya
que
el
Deseo
de
la
Madre
por
el
hijo
es
difícil
de
limitar,
y de
no
contar
con
esta
función
paterna
podría
transformarse
en
excesivo,
arrasador,
y
hasta,
en
algunos
casos,
estragante.
En
este
sentido,
la
intervención
paterna
será
portadora
de
la
ley,
prohibiendo
al
niño
permanecer
adherido
a su
madre,
y a
la
vez
impidiéndole
a
ella
que
se
apropie
del
hijo,
ahogándolo.
A
partir
de
esta
prohibición,
si
la
función
del
padre
ha
operado,
el
niño
no
sólo
es
privado
de
permanecer
“pegado
a su
madre”,
sino
además
es
habilitado
por
el
padre
a
gozar
de
otros
placeres
que
sí
le
serán
permitidos.
Entonces,
el
padre
no
es
sólo
el
que
prohíbe
sino
también
el
que
habilita,
instaurando
la
ley
El
Nombre
del
padre,
sobre
el
cual
se
han
realizado
varios
films
cinematográficos,
habla
de
una
función
vivificante
para
el
sujeto
porque
es
función
de
corte,
y
como
todo
corte
inaugura
nuevos
espacios.
Pero
la
función
de
padre,
ya
que
a
veces
éste
puede
no
estar
en
persona
e
igualmente
operar
su
función,
no
está
ligada
ni
al
padre
como
amo
(quien
aplasta
y
humilla
al
hijo)
ni
al
padre
desvastado
y
humillado.
En
la
actualidad,
gran
parte
del
malestar
en
la
cultura
está
conformado
por
las
patologías
que
aparecen
ligadas
a
los
“excesos”:
comer
a
morir,
comprar
a
morir,
consumir
compulsivamente
-actuaciones
desenfrenadas
donde
el
sujeto
más
que
consumidor
es
consumido-
dan
cuenta
de
una
falla
en
la
función
paterna
que
es
limitadora
de
excesos
y
abridora
de
goces
vivibles
y
legales.
Por
eso,
como
lo
enunciaron
desde
siempre
los
grandes
maestros
del
psicoanálisis
Freud
y
Lacan,
consideramos
que
el
Nombre
del
padre
es
para
el
sujeto
una
“inscripción
psíquica”
imprescindible.
Como
psicoanalistas,
en
todos
los
casos,
en
especial
cuando
trabajamos
con
niños,
intentamos
hacer
jugar
al
padre,
pues
sabemos
que
allí
esta
el “EXIT”,
la
salida
para
el
sujeto.
Lic.
Silvia
Tomás
Psicoanalista
Coordinadora
Docente
y
Supervisora
del
Centro
Dos