Primer
consulta
con
un
psicólogo
infantil
Una
circunstancia
muy
movilizadora
Algo
que
puede
generar
movilización
dentro
del
ambiente
familiar
es
recibir
una
derivación
al
área
de
psicología,
en
muchas
ocasiones
realizada
por
un
médico,
aunque
con
mayor
frecuencia
en
estos
tiempos
que
corren,
desde
el
ámbito
escolar.
Invaden
a
los
padres
diferentes
cuestionamientos:
¿Mi
hijo
pasó
la
barrera
de
lo
convencional?
¿Fracasamos
cómo
padres?
¿Tanto
nos
equivocamos?.
No
papás,
a no
alarmarse,
no
más
de
lo
necesario
por
supuesto;
el
mito
sobre
la
falta
de
integridad
psíquica
en
quienes
acuden
al
psicólogo
ya
está
caduco,
hoy
tiene
más
que
ver
con
una
búsqueda
a
mejorar
la
calidad
de
vida
y el
bienestar,
como
así
también
una
búsqueda
de
respuestas
cuando
creemos
que
ya
no
las
tenemos.
La
derivación
surge
cuando
alguien
detecta
que
a
determinada
persona
le
están
sucediendo
cuestiones
que
dificultan
su
actuar
frente
al
entorno;
hoy
en
día
contamos
con
miradas
atentas
y
perspicaces
de
los
encargados
de
educar
a
nuestros
hijos,
sí
padres,
son
los
docentes
quienes
pasan
una
parte
importante
del
día
con
ellos
y
quienes
dejaron
de
lado
el
método
tradicional
en
el
que
su
alumno
ocupaba
un
lugar
pasivo
y no
existía
feed-back
con
el
adulto,
para
dar
lugar
a un
método
activo
donde
docente,
alumno
y
familia
están
conectados,
instaurando
de
esta
manera
una
escuela
abierta
al
intercambio.
Como
terapeuta
de
niños
y
adolescentes
suelo
enfrentarme
con
la
angustia
y
ansiedad
de
los
padres,
y la
necesidad
de
recibir
una
palabra
de
aliento
de
quienes
nos
confrontamos
a
diario
con
el
psiquismo
humano.
Es
cada
vez
con
mayor
frecuencia
que
acuden
al
consultorio
padres
algo
más
que
desesperados
en
busca
de
una
solución
a
una
problemática
actual
que
aparece
de
manera
abrupta
muchas
veces
dentro
de
las
aulas,
presentándose
bajo
la
forma
de
un
desborde
en
la
conducta
de
sus
hijos.
El
docente,
atento
a
las
necesidades
de
cada
uno
de
sus
alumnos,
como
primer
recurso
cita
a
los
padres,
preocupado
por
un
cambio
en
la
conducta
de
su
alumno
que
hasta
ayer
se
presentaba
sin
inconvenientes,
sugiere
tratamiento
terapéutico
y
deriva
a
psicología.
Podemos
pensar
en
múltiples
factores
que
pueden
ocasionar
un
cambio
en
la
conducta
de
una
persona,
a
veces
es
un
reclamo
de
límites
en
el
sentido
de
gritar
un
“necesito
que
alguien
me
ponga
un
freno,
ya
que
sólo
no
puedo”;
otras
veces
puede
ser
el
desconcierto
frente
a
una
mudanza;
o un
cambio
en
la
situación
laboral
de
los
padres;
o si
pensamos
a
nivel
evolutivo
el
pasaje
de
la
niñez
a la
adolescencia
puede
ser
otro,
dónde
el
niño
padece
los
cambios
que
el
paso
del
tiempo
le
hacen
sentir,
un
tengo
que
dejar
mi
cuerpo,
mis
juegos,
la
dependencia
de
mis
padres,
y
cierto
rechazo
a
dicha
elección
que
se
impone
no
sólo
desde
su
interior
sino
también
desde
el
medio
externo.
Considero
fundamental
el
trabajo
no
sólo
con
quien
presenta
en
principio
la
problemática,
sino
también
con
el
entorno
familiar,
siguiendo
la
idea
de
que
un
niño
sólo
no
existe,
y el
lugar
en
el
cual
este
sujeto
habita
y
cómo
lo
habita,
es
de
fundamental
importancia
a
tener
en
cuenta
en
un
tratamiento.
Volviendo
un
poco
a
estos
tiempos
que
corren,
no
se
puede
dejar
de
pensar
en
los
casos
de
quiebres
por
separación
de
los
padres,
en
el
que
los
mismos
adultos
muchas
veces
no
pueden
manejar
dicha
situación,
entonces,
cómo
pedirles
a
los
más
pequeños
que
lo
asimilen,
o se
adapten
a
las
nuevas
rutinas,
nuevos
barrios,
nuevas
vivencias,
como
también
nuevos
roles.
Sostener
y
acompañar
tanto
al
niño
cómo
a
los
papás
frente
a
los
cambios
ya
sea
evolutivos
o
que
tengan
que
ver
con
cuestiones
de
la
vida
cotidiana
es
uno
de
los
puntos
cruciales
a
tener
en
cuenta
en
el
trabajo
con
niños
y
adolescentes,
darles
a
los
papás
los
elementos
que
necesitan
para
accionar
de
manera
segura
y
confiada
frente
a
sus
hijos.
Otro
elemento
que
suelo
tener
en
cuenta
es
contactarme
con
el
ámbito
escolar,
escuchando
a la
docente,
así
como
también
a la
orientadora
educacional,
las
que
me
brindan
una
información
muy
rica
y
detallada
de
cada
caso.
En
ocasiones
además,
resulta
necesario
que
los
papás
tengan
su
propio
tratamiento
psicológico
individual,
lógicamente
con
otro
profesional,
a
efectos
de
que
su
propia
conflictiva
no
invada
el
espacio
de
su
hijo,
y
también
para
que
el
adulto
pueda
de
alguna
manera
trabajar
sus
propias
problemáticas.
Muchos
esperan
encontrar
soluciones
mágicas
dentro
de
las
cuatro
paredes
del
consultorio,
pero
esto
es
un
proceso
en
el
que
participan
los
profesionales
guiando
y
orientando
a
sus
pacientes,
las
familias
y la
sociedad
en
la
que
estamos
todos
involucrados.
Los
psicólogos
no
poseemos
la
varita,
pero
sí
la
convicción
de
que
una
mirada
objetiva
y
una
intervención
a
tiempo
puede
facilitar
mucho
las
cosas.
Lic.
Rosana
Iturra
Psicóloga
(UBA)
rosanaiturra@yahoo.com.ar