“TENGO UNA RELACIÓN COMPULSIVA CON
LA LITERATURA
”
Federico Andahazi comparte algunas páginas de su historia. No tiene desperdicio.
El autor de El Anatomista, Las Piadosas, El Secreto de los Flamencos y Errante en las sombras su último trabajo-entre otros títulos, abre las puertas de su casa y de su corazón, para compartir algunas historias acerca del origen de su vocación, su experiencia como escritor y sus proyectos más próximos.
¿Cuál fue tu primer contacto con la literatura?
Mi abuelo materno era un inmigrante ruso que llegó a
la Argentina
a los 5 años. Su primer trabajo fue de “canillita”. Después pasó de vender diarios a vender libros, y luego se convirtió en un muy buen editor. Tuvo varias editoriales. Fundió tantas como las que fundó se ríe- y llegó a tener una biblioteca realmente importante. Sobre todo, una biblioteca política. Militaba en el Partido Comunista, una izquierda que hoy uno podría dudar si existe o no.
¿Él te acercaba algunos títulos?
No. Yo nací en el `63, y convengamos que hasta el `82, eran épocas difíciles para quien tenía una biblioteca políticamente comprometida, así es que más bien me tenía cautamente alejado de esos libros. De hecho, mi primera relación fuerte con la literatura y con los libros concretamente, fue el 24 de marzo de 1976, cuando se vino el Golpe Militar. Esa misma noche, mi abuelo embaló todos sus libros y los quemó en un baldío de enfrente de su casa. Eso fue muy fuerte. De hecho, él sobrevivió pocos años a la quema de su biblioteca. Así es que para mí la literatura tiene cierto valor restitutivo. Con cada libro que escribo pienso que quizás estoy devolviendo un libro a esa biblioteca.
Por otro lado, tu padre escribía…
Sí, es poeta. Muy bueno. Publicó su primer libro allá por el `66. Se llamaba “Edades y temporadas”. Yo era muy chico. Y hace unos pocos años, publicó otro, llamado “Los cuadernos del ciervo”. Y sí también era un apasionado lector. Tiene una biblioteca impresionante. Así es que gracias a mi abuelo y mi padre, si se quiere, crecí, entre esas dos vertientes.
A su vez, tu mamá es la primera crítica de tus libros y en todo momento, opina sobre tus novelas…
Sí, sabés que, pese a todo el peso de esas bibliotecas, yo rescato otras cuestiones que también hacen a la formación de escritor, como lo es la temprana vinculación con la literatura a través de la oralidad. De hecho, mi primer contacto con la ficción, fue a través de los cuentos que me contaba e inventaba mi “vieja”. Recuerdo su fascinación por la historia y su habilidad para sobreponer algo a la realidad y que eso tuviera un peso incluso superior. Eso también lo veo en mi hija. Vera lo primero que me dice cuando me ve aparecer a la mañana es: “¿Me contás una historia?”. Entonces me siento a la mesa y le cuento alguna. Es lo que más le gusta. Así como la neurosis es infantil, y uno en la literatura, finalmente, habla más o menos de su propia neurosis, uno puede ver este carácter infantil de la literatura.
Además, mi “vieja” era empleada bancaria, y fue secretaria de varios presidentes de banco. Era una de estas personas que en las sombras, sacaba las papas del fuego. Tiene una gramática perfecta. Lee mis textos y creo que antes del contenido, le saltan los “ruidos” que ese texto le produce. Tiene la habilidad de un editor. A mí me facilita mucho la escritura porque a ella voy sometiendo todo lo que voy escribiendo. Mi mujer también lee todo lo que escribo y me da su opinión.
Bueno, tus dos mujeres más cercanas y seguramente, las que más sinceras son con tu obra…
Por supuesto. Además, cada una tiene un punto de vista distinto de la literatura, así es rescato las dos campanas.
El arte de escribir
En general, se piensa que los escritores siempre están inspirados. Es casi como un mito…
En principio es importante aclarar que no existe eso de la página en blanco. No por lo menos, para un escritor. Siempre hay una idea previa, una lectura cercana, algún boceto. El acto de escribir es muy voluble, no hay recetas. Yo encuentro los disparadores más interesantes, leyendo. Leo muchas novelas y ensayos, y la verdad es que para decirlo de alguna manera, la inspiración, la encuentro ahí. Ahora estoy leyendo la historia del Cristianismo y del Judaísmo de John y Smith. La religión aporta mucho. La literatura se emparenta con ella, mucho más de lo que uno supone. Yo soy ateo, absolutamente; no creo en nada. No adhiero al concepto religioso, que me es completamente ajeno, pero a pesar de eso, puedo reconocer que uno está completamente atravesado por el pensamiento judeo-cristiano. Entonces cuando uno lee la historia del Cristianismo y Judaísmo, encuentra inmediatamente encuentra que nuestra moral está constituida de eso. De modo que cuando uno lee a los grandes escritores, forzosamente uno está leyendo algo de lo bíblico. Uno encuentra los disparadores para los relatos, en la historia, particularmente, en la de la religión.
¿Tenés tus momentos del día en los que definitivamente te sentás a escribir?
Antes de nacer mi hija, me pasaba la noche entera escribiendo en un bar. Escribía en mi cuaderno y fumaba muchísimo. Pero, los hijos nacen para educarnos. Al nacer Vera, me era imposible, porque de esa manera, ni me iba a cruzar con mi hija. Entonces hicimos un pequeño pacto: ella es un poquito noctámbula y yo me hice bastante más diurno. Y la verdad es que lo disfruto mucho más. Dejé de fumar, por otra parte. Fumaba no sé cuántos cigarrillos por día. Pensé que nunca iba a poder dejar de fumar, y cada vez me felicito más por haberlo hecho porque además soy asmático. Tenía completamente asociados el hábito de fumar al de escribir. Pensaba que si dejaba de fumar, iba a dejar de escribir. Ahora escribo casi todo el día, en mi escritorio, o me voy con la computadora al fondo, o a un bar. Siempre estoy laburando en distintos archivos distintos. Tengo una relación bastante compulsiva con la literatura. Necesito estar escribiendo todo el tiempo. Soy indisciplinado y caótico. Escribo de la misma manera en la que leo: leo esto, y a la vez lo otro, y por ahí me quedan libros a medio leer que retomo luego de años.
Sos Licenciado en Psicología. ¿Llegaste a ejercer?
Tuve una relación bastante compleja con mi ex profesión. Hice la carrera bastante rápidamente, sin obstáculos. A diferencia de la secundaria, fui un buen estudiante universitario. Era un apasionado lector, de Sigmund Freud, sobre todo. Creía que podría llegar a ser un buen psicoanalista. Y de hecho, con la teoría, me llevaba muy bien. Pero cuando me recibí, me topé con la cruda realidad de la práctica. Tenía la insoportable impresión de que mis pacientes no evolucionaban, y que concretamente, no era un buen psicoanalista. Eso por una parte. Por otra, mi primera experiencia fue hospitalaria, y la recuerdo como pesadillezca. Mi primera paciente fue una nena de unos 8 años que se dedicaba a comerse a sí misma. Tenía un grado de autismo tal que no lograba obtener un alimento ajeno a su propia persona. Era como vivir una película de terror en la que podía hacer bastante poco. De modo que no duré mucho tiempo…
¿Ya en ese momento, la literatura era para vos un hobby?
Nunca fue en realidad un hobby. Siempre supe que iba a ser escritor. Y me consideré escritor cuando terminé mi primera novela, a los 26 ó 27 años. Era una novela de principiante, con muchos problemas estructurales, pero que me sirvió muchísimo. De esas doscientas páginas, creo haber rescatado la mitad o más, y publiqué un librito de cuentos que se llama El Árbol de las Tentaciones. Y al día de hoy es una inagotable fuente de recursos. Como novela no terminaba de funcionar, pero me prestó muchos recursos.
¿Cómo es esto de vivir de la literatura en
la Argentina
?
Mirá, te soy franco. Escribo y puedo vivir bien de la literatura. Sé que soy la excepción, y no la regla. Me gustaría ser la regla, por supuesto. Hay muchísimos autores con muchos méritos, que tienen que dedicarse a otra cosa para vivir. Tengo un agente literario que se ocupa de todas esas cuestiones que tienen que ver con el contacto con las editoriales, cosas que no sabría cómo hacer. Hay otra cuestión. No sé por qué razón está bien visto que el actor, el cantante, vivan de lo que hacen, pero cuando se habla de literatura, pareciera que vivir de esto fuera mercantilizar el arte. Sin embargo, y personalmente, me resulta un acto de suma nobleza, el poder vivir de lo que hago, que es escribir.
Presente y futuro
¿En qué nuevos proyectos te encontrás trabajando?
En dos cuestiones, básicamente. La primera es una novela que transcurre en
la Edad Media
, a principios del 1300. En el proyecto original, era una suerte de historia de San Agustín, pero a la inversa, es decir, un religioso que parte de la virtud y evoluciona hacia el vicio, a través de toda la reflexión sobre, justamente, la virtud y el vicio, y por qué la elección de uno o de otro. Lo cierto es que siempre los proyectos originales distan muchísimo de lo que resulta después, de modo que aparecieron muchos personajes que en su momento imaginé como secundarios y que tomaron relevancia, y te diría que este personaje quedó casi en segundo plano, respecto de la protagonista femenina. El otro proyecto está relacionado con una especie de folletín con colaboración de la gente que hice hace poco en el diario Clarín. Fue una experiencia sumamente grata.
Es tu posibilidad de interactuar con esos lectores a los que siempre imaginaste…
Sí. Lo bueno de esta experiencia es que uno puede ir recogiendo las voces de los lectores. Me encantaría saber qué está pensando el lector a medida que voy escribiendo. Con esa novela, tuve la posibilidad de hacerlo. Conocer cómo iría modificando el lector una de mis novelas, es fantástico. A uno le pasa como lector: va leyendo y tomando cierta postura en relación a un personaje, en relación a un argumento, y le gustaría que la novela tomara tal o cual curso.
Y esta vez, ¿Cómo lo concretarías?
Va a ser una colaboración en tiempo real. Voy a estar en
la Feria
del Libro, sobre una especie de tarima, en un escritorio con dos teclados. Yo estaré en uno y en el otro, irán subiendo miembros del público. Iniciaré el relato con un párrafo, subirá un lector, lo continuará, yo lo retomaré, y así, la idea es que surja un relato unificado o no. Hace un tiempo jugábamos al “Cadáver Exquisito” con unos amigos, y la verdad es que de diez intentos, solamente uno tenía un valor literario.
Es una técnica muy propia de los talleres literarios…
Lo ignoro porque jamás estuve en uno. Te confieso que ni me opongo ni estoy a favor. Sinceramente nunca me despertó ninguna curiosidad, ni tomarlos ni darlos. Continuamente me llegan propuestas para brindar un taller, y la verdad es que me parece que la experiencia de la escritura es intransferible. Sí se puede compartir, pero me parece que fundamentalmente, tiene que ver con la lectura. Una cosa es continuación de la otra.
De hecho, la escritura vendría a ser una reescritura de lo que uno ya leyó alguna vez, sumado a su experiencia, su contexto, etc…
Claro, de hecho Baudelaire solía definir a la escritura como una especie de palimpsesto. Es eso la literatura: una reescritura de lo que uno leyó, escribió. Pese a lo diversa que puede parecer una obra de un escritor, siempre habla de lo mismo.
¿A qué se debe tu próximo viaje a España?
A dos cuestiones. En principio, presentar “Errante…” se refiere a “Errante en las sombras”, su última novela-. La segunda razón es visitar a mi hermano que vive en Barcelona.