“CUANDO VOY DETRÁS DE LA NOTICIA,
NO ME PARA NADIE”
Fanny Mandelbaum, destacada
periodista argentina, cuenta cómo
le va en la vida.
Arrancó en el periodismo a los
treinta y pico. Dejó de ser
diseñadora de modas y ama de casa
para dedicarse a su nueva pasión:
mediar entre lo que pasa y la
gente, contando los hechos desde
sus escenarios naturales.
Psicóloga social y locutora del
ISER, empezó haciendo móviles,
subiendo poco a poco la escalera
de la carrera que quería para ella
y pagando diariamente derecho de
piso. Se destacó en la cobertura
del caso María Soledad Morales y
llegó a ser en Argentina, la
movilera estrella.
Cuenta con más de treinta años en
la profesión, y aún continúa
trabajando con la misma adrenalina
que el primer día. Hoy, con la
calidez y rigor periodístico que
la caracterizan, Fanny forma parte
del staff de Animados,
magazine informativo que emite
Radio Mitre de lunes a viernes de
9 a 13 horas, y conduce –en vivo-
Sin Miedo, su propio
programa de entrevistas, los lunes
a las 22 por la señal de cable
Plus Satelital.
¿Cómo
venís de trabajo, en radio y
cable?
Me siento muy cómoda. Estoy muy
contenta en la radio, porque es la
que siempre escuché. Trabajar en
la radio que siempre está
sintonizada en casa, es como el
“sueño del pibe”. Y por otra
parte, sigo con mi programa que ya
cumplió 300 emisiones al aire.
¿Extrañás
la televisión de aire?
Te diría que extraño compartir con
las chicas. Volvería a hacer
Grandiosas (durante 2003 y 2004
fue por canal 13, a las 14 horas)
en cable o en radio. Fue muy lindo
el equipo que se formó, no sólo
con Laura –se refiere a Laura
Oliva- y Karina Mazzocco, sino con
las chicas de producción. Fueron
dos años muy gratificantes.
Te
permitió mostrar a una Fanny que
nadie conocía…
Sí. Alguno se habrá preguntado:
“¿Qué hace la vieja con las dos
pibas?”.
Te
mostrabas muy distendida...
Totalmente. Nos divertíamos
muchísimo haciendo el programa.
Había mucha producción atrás y
mucha improvisación también, que
tenía que ver con la
característica de cada una. Y la
parte de los reportajes era
bárbara.
¿Se siguen viendo con las chicas?
Sí, dos veces por mes, por lo
menos.
¿Y
cómo fue tu experiencia con
Fulanas –magazine que fue
por América durante el 2004?
Buena, lo que pasa es que en
América no dan el tiempo para que
algo se materialice. El ciclo era
bueno, empezamos con una idea de
programa, y después, desde la
dirección del canal se fueron
modificando algunas cosas, que no
tenían que ver con lo que María
–Valenzuela, la conductora del
ciclo- quería. Ella quería un
programa moderno con mucha cosa
dinámica e información y de
repente, cuando hay muchas manos
en un plato… Pero fue muy bueno
trabajar con María y con Analía
Maiorana, a la que no conocía y es
un encanto de mujer. La pasamos
muy bien juntas. ¡Fue lindo! Hasta
ahora tuve suerte o quizás ayudo a
la suerte, al aceptar trabajos en
los creo que me voy a sentir bien.
No agarraría nunca con Lita de
Lázzari, por ejemplo, entre un
montón de gente con la que no
trabajaría y que ni vale la pena
nombrar.
En
la radio, también sos parte de un
lindo equipo…
Sí. Había gente que no conocía, y
fue para mí una sorpresa. Como
Silvina Lamazares, del diario
Clarín, que se ocupa de
Espectáculos ó Mex Urtizberea, un
tipo súper creativo con un humor
absurdo que te hace pensar.
¡Bárbaro!
-¿Qué formato te gusta mucho y te
faltaría hacer en televisión ó
radio?
Me
gusta la entrevista y por suerte
me doy el lujo en mi programa. Me
gusta la entrevista distendida,
como ésta que tenemos nosotras:
charlar a “calzón quitado”, poder
hablar de todo, conocernos. A
veces los tiempos de la televisión
abierta no te lo permiten. En
cable sí porque es mi programa, lo
pago yo. Si la gente no lo ve, la
que se joroba soy yo, y si lo ve,
la que se beneficia también soy
yo. Soy la única responsable.
Trabajás mucho. ¿Cuál es tu cable
a tierra?
Sábados y domingos trato de irme
afuera. Desde 1977 tengo una
casita en Zelaya, un pueblito que
poca gente conoce, en un
country muy chiquitito de
cuando la palabra “country”
ni se usaba. Se conserva virgen y
puro. Tiene la calle principal
asfaltada y el resto de tierra, la
placita, la iglesia, la escuela,
la estación, y no mucho más. Me
hace muy bien. Mi idea es irme los
viernes y volver el domingo a la
noche. Pero no siempre puedo:
ahora están los nietos que quieren
ir al teatro, y me encanta salir
con ellos.
¿Vas con familia, amigos?
Generalmente sola. Mis hijos
tienen su vida, mis nietos
también, mi mamá prefiere quedarse
en la Capital. De todas maneras,
los amigos siempre tienen las
puertas abiertas, pero no armo
programas.
¿Sos
muy familiera?
Sí, pero no me gusta invadir ni
que me invadan. Mis hijos son muy
independientes y yo también lo
soy. Pero las fiestas, los
cumpleaños, y todo eso, está en
primer lugar. Me gusta estar
porque algún día no voy a estar.
A
juzgar por este living, lleno de
música, flores, libros de arte,
fotos de los afectos, souvenirs
de cientos de viajes, sos una mina
apasionada…
Me gusta disfrutar de cada
momento. Sé, por experiencia, que
nadie tiene la vida agarrada de
los cabellos. Uno nunca sabe si
mañana va a poder hacer eso que
tantas ganas tiene de hacer,
entonces trato de hacerlo hoy:
disfrutar de la música, de las
flores, de la luz, de las fotos de
la gente que quiero. Si mañana
puedo volver a hacerlo,
fantástico.
Entre las figuras que admirás,
¿Cuáles son o fueron aquellas que
te apasionaría entrevistar?
Hubo gente que hubiera amado
entrevistar y ya no está. Hubo
gente que pude entrevistar y con
los años se borraron los casetes
de audio. Una que entrevisté y que
admiré profundamente, que me
encantaría que estuviera viva al
menos para escuchar sus sabias
palabras, fue Alicia Moreau de
Justo. A quien me hubiera gustado
realizarle una entrevista y,
cuando estuvo viva, no me animé,
quizás porque me inhibía de tanta
admiración que sentía por ella,
fue Blackie, Paloma Efrom. La
miraba de lejos como a esas cosas
que nunca se alcanzan. Evita es
otro personaje al que no conocí y
me hubiera encantado entrevistarl.
¿Tu vida está marcada por mujeres
fuertes? De hecho sos una de
ellas…
Sí, fundamentalmente Blackie. Me
parece que nos abrió las puertas a
las mujeres en el periodismo y la
producción. Fue una tipa que se
animó y enseñó que se puede hacer
periodismo con cultura, que la
cultura y la educación no son
aburridas, y que se puede sembrar
desde un micrófono la no
discriminación.
A
las periodistas mujeres se les
suele preguntar sobre momentos en
los que ser mujer les jugó en
contra, pero… ¿Cuándo te jugó a
favor?
En cuanto a los jefes, siempre fue
malo ser mujer. Siempre te dejan
en segundo lugar. Cuando se trata
de una nota importante, en el
exterior ó peligrosa, siempre
eligen a los hombres. En ese
sentido, nunca fue bueno ser
mujer. Pero en cuanto a hacer
notas, muchas veces fue
importante, porque a una mujer le
resulta más fácil ponerse en los
zapatos de otra mujer que sufre.
Sobre todo cuando tenés una vida
vivida: cuando empecé en
periodismo ya estaba casada, tenía
mis hijos. Muchas veces en casos
de niños desnutridos, padres que
pierden a sus hijos, necesidad de
un trasplante, me di cuenta que
ser mujer es mucho mejor porque
podes llegar al corazón de la
gente sin mentir. Nos permitimos
demostrar lo que sentimos. Los
hombres han sido educados para
mostrar que son fuertes y salvo a
los más jóvenes, que sí se
permiten lagrimear cuando llega el
caso, al resto le cuesta demostrar
sus sentimientos. Y a veces es más
fácil que el otro sienta lo que
vos sentís cuando se te cae una
lágrima o se te quiebra la voz,
que cuando transmitís algo de
forma muy profesional.
¿Alguna vez sentiste miedo?
No, pero porque soy inconsciente,
no por valiente. Cuando me dicen:
“¿Cómo te metiste ahí, en medio
del tiroteo?”. Digo: “No me di
cuenta”. Cuando voy detrás de la
noticia, no me para nadie. Recién
cuando veo el material soy más
consciente de dónde me metí.
Durante la cobertura del caso
María Soledad Morales, ¿tuviste
“apretadas”?
Muchas, porque mientras Ramón
Saadi fue gobernador, todo el
mundo estaba ahí controlando lo
que hacías y lo que dejabas de
hacer; y cuando dejó de ser
gobernador, la “patota” seguía
estando. No fue fácil. En San Luis,
tampoco. Aunque ahora sea la
Hollywood de la Argentina, sigue
habiendo un feudalismo
impresionante, y estás bien si le
decís “sí” a los señores feudales.
Si “deschabás” lo que realmente
pasa, te van a perseguir hasta
eliminarte.
En
estos días, tuvo mucha repercusión
el caso de censura en América. ¿Se
puede ser independiente trabajando
para grupos empresarios?
Yo en una época decía que era una
periodista independiente. Un
periodista que respeto mucho:
Eduardo Aliverti, dice que no
existe el periodismo independiente
y me demostró que tiene razón. Si
trabajás para determinada empresa
que tiene intereses, por ejemplo,
América, no te podés tirar contra
Aeropuertos Argentina 2000. No
podés decir que tienen una orden
judicial, que van a tener que
devolver la plata… A mí me pasó:
lo dije en mi programa y me
sacaron el auspicio a la semana
siguiente. Yo ahí me lo banco.
Pero en los canales, pasa otra
cosa. Hay reglas del juego. El que
diga que no, miente. Hay cosas de
las que no podés hablar. Cuando
estás trabajando para un medio en
relación de dependencia, estás
trabajando para otro. Dentro de
todo, en Mitre, hasta el momento,
nadie me dijo “de esto podés
hablar y de esto no”. Te pasa
quizás que ante los temas que uno
quiere tratar te dicen: “No, ¿a
quién le interesa?” Me pasa con
temas que tienen que ver con la
condición de la mujer y sus
derechos. Pero ocurre en todos los
medios manejados por hombres: para
ellos lo que tiene que ver con las
mujeres es de segunda clase.
¿Probaste transmitir tu
experiencia a través de la
docencia?
Fui durante tres ó cuatro años
profesora del ISER, hasta que debí
renunciar porque tenía que viajar
todas las semanas a Catamarca a
cubrir el caso María Soledad
Morales. La experiencia me
encantó. Fue muy gratificante.
Tengo muchos alumnos, que trabajan
hoy en los medios, que me
recuerdan con gran cariño, así es
que debo haber sido buena.
¿Cuál creés que es hoy “el” tema
en la Argentina?
La educación y la
desocupación. Van de la mano,
porque un tipo desocupado no está
en condiciones de mandar a sus
chicos al colegio. Aunque sabe que
si los educa van a tener una mejor
condición que él, no puede pagarle
los viáticos, los libros, ni darle
un ejemplo, porque el que no tiene
un trabajo está deprimido y todo
eso afecta. Da lugar a la
violencia familiar, a que los
chicos se droguen, a que no sepan
lo que es delinquir ó no, a que no
distingan lo ético de lo que no lo
es.
Laura Zavoyovski