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Tabaco y
alcohol:
una
relación
enfermiza
Estudios
demuestran
una
probable
vinculación
entre
ambos.
Hoy en
día hay
abundante
información
sobre
los
males
que
causan
tanto el
cigarrillo
como el
alcohol.
En
cualquier
medio de
comunicación
se
pueden
leer
artículos
o ver
informes
acerca
de los
efectos
nocivos
que
ambos
tienen
sobre la
salud
del
hombre,
siendo
el
principal
la
creación
de
adicción.
Sin
embargo,
la
mayoría
de los
fumadores
disfrutan
de un
cigarrillo
por
placer,
o los
bebedores
toman un
trago
para
hacer
más
ameno un
determinado
momento.
Pero lo
que es
más
común
todavía
es ver
que las
personas,
por lo
general,
acompañan
un trago
con un
cigarrillo,
o bien
que
cuando
están
fumando
se les
antoja
algo
para
beber.
La
compañía
de estos
dos
vicios
parece
no ser
casualidad
y
tendría
una
explicación
científica,
hasta el
momento
no
conocida.
Según
estudios
realizados
por
investigadores
australianos
y
publicados
en la
revista
Alcoholism:
Clinical
and
Experimental
Research,
especializada
en el
tema,
hay
cuatro
genes
que se
sitúan
en la
corteza
prefrontal
del
cerebro
que
podrían
ser los
causantes
de esta
relación
tan
estrecha
entre el
tabaquismo
y el
alcoholismo,
dado que
se
superponen
en el
control
de la
sensibilidad
a ambas
drogas.
Estos
genes
pudieron
ser
identificados
a través
del
análisis
de
muestras
de
tejido
cerebral
de
treinta
personas
fallecidas,
las
cuales
se
clasificaron
según
cuatro
situaciones:
no
fumador/no
alcohólico,
no
fumador/alcohólico,
fumador/alcohólico
y, por
último,
fumador/no
alcohólico.
Gracias
a estos
estudios
se
pudieron
descubrir
dos
relaciones
importantes
entre
estas
“malas
costumbres:
las
vinculaciones
genéticas
entre el
tabaquismo
y el
alcoholismo
crónicos
son más
de las
que se
pensaban,
y los
efectos
combinados
de la
nicotina
y del
alcohol
pueden
llegar a
agravar
los
efectos
neurológicos
de estas
dos
sustancias
a largo
plazo.
Esto se
produce
porque
tanto el
alcohol
como la
nicotina
son
drogas
adictivas
que
actúan
sobre
una
misma
región
del
cerebro
conocida
como
sistema
de
recompensa
de la
droga,
la cual
contiene
dopamina,
una
sustancia
neurotransmisora
que hace
que la
persona
tenga
una
sensación
de
bienestar.
Lo que
explican
los
científicos
australianos
es que
la
nicotina
y el
alcohol
podrían
ser los
responsables
de
causar
un
desequilibrio
dentro
de este
sistema,
al
aumentar
artificialmente
la
cantidad
de
dopamina,
por los
efectos
que
tienen
en las
células
cerebrales
asociadas
a la
sustancia.
Los
especialistas
creen
que
estos
descubrimientos
podrían
fomentar
futuras
investigaciones
sobre
los
efectos
que
causan
el
tabaco y
el
alcohol,
tanto en
el
cuerpo
como en
el
cerebro
humano y
que
estudiando
otras
regiones
cerebrales
se
podrían
obtener
soluciones
terapéuticas,
genéticas
o
farmacéuticas
que
ayuden a
reducir
o, en el
mejor de
los
casos, a
revertir
los
daños
que
estos
vicios
producen,
que son
graves y
muchos.
Es
sabido
que los
fumadores
están
expuestos
a
sufrir,
entre
otras
enfermedades,
arterosclerosis,
enfisemas,
patologías
broncopulmonares,
cáncer
en la
boca o
en otras
áreas
del
sistema
respiratorio,
como
también
problemas
coronarios.
Todo
esto se
ve
agravado,
además,
por lo
altamente
adictivo
que es
su
principal
componente,
la
nicotina,
que
convierte
en casi
imposible
la
misión
de dejar
de
fumar.
Por otro
lado,
aquellos
que
beben en
exceso
presentan
una
disminución
significativa
en la
capacidad
de
reacción
ante
estímulos
visuales
y
auditivos,
deterioro
en la
atención,
problemas
motrices
y
dificultad
para
hablar,
entre
otros
síntomas.
El
tabaquismo
y el
alcoholismo
son,
aparentemente,
dos
enfermedades
que se
relacionan
entre
sí.
Natalia
Serantes
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