La
adicción
a
las
drogas
legales
El
problema
de
los
psicofármacos
y su
uso
indiscriminado.
Clonazepam,
Alprazolam,
Diazepam,
Bromazepam...
Probablemente
resultan
nombres
extraños
al
oírlos
de
esta
forma;
pero
si
le
agregamos
su
marca
comercial
ya
son
conocidos
por
muchos.
El
auge
de
los
psicofármacos
causa
estremecimiento.
Los
ansiolíticos
y
antidepresivos
no
distinguen
clase
social,
ni
sexo
y,
prácticamente,
tampoco
edad.
Son
consumidos
por
una
gran
cantidad
de
gente
que
no
siempre
hace
las
consultas
debidas
para
tomarlos.
Si
bien
lo
ideal
sería
que
estos
medicamentos
sean
indicados
por
Psiquiatras,
cualquier
médico
con
el
poder
de
su
sello
y su
matrícula
los
puede
recetar.
Dentro
de
todas
las
especialidades
de
la
medicina,
estas
drogas
se
indican
para
complementar
la
medicación
específica,
ya
que
modifican
la
parte
emocional
del
paciente
–lo
cual
es
abolutamente
imprescindible.
Lo
delicado
del
asunto
es
que
por
esa
receta
se
extiende
un
remedio
del
cual
la
mayoría
desconoce
la
verdad.
La
realidad
es
que
se
trata
de
medicamentos
que
actúan
directamente
sobre
el
sistema
nervioso
central
y,
la
falta
de
controles
adecuados,
genera
adicciones
tan
profundas
como
todas
las
conocidas.
Además,
como
toda
medicación,
actúan
sobre
el
síntoma
pero
no
sobre
la
psicopatología,
la
cual
indefectiblemente
debe
tratarse
para
que
los
resultados
sean
exitosos.
Por
otra
parte,
si
bien
legalmente
se
exige
una
receta
archivada
para
que
la
farmacia
entregue
este
tipo
de
drogas,
esto
no
siempre
sucede.
El
“ser
conocido”
del
farmacéutico,
tener
cierta
confianza
con
los
encargados
del
“mostrador
más
peligroso”
evita
la
visita
al
doctor.
También
existen
casos
en
que
la
persona
tiene
la
receta
médica
pero
no
por
eso
es
menos
adicta,
ya
que
se
trata
de
lo
que
podríamos
llamar
una
“adicción
recetada”.
La
dependencia
hace
que
el
cuerpo
no
acepte
la
ausencia
del
remedio
pero
también
que
las
dosis
aumenten
cada
vez.
La
automedicación
en
este
caso
puede,
incluso,
llegar
a
ser
letal.
Por
eso
es
imprescindible
que
la
legislación
esté
presente
y se
cumpla
al
pie
de
la
letra.
Un
caso
concreto
para
tomar
como
ejemplo
sería
que
solo
se
comercialicen
psicotrópicos
en
las
farmacias.
Muchas
veces,
esta
cadena
de
malos
hábitos
genera
un
círculo
vicioso
de
irresponsabilidades
en
donde
el
“supuesto”
enfermo
también
“recomienda”
–por
decirlo
de
algún
modo-
la
magia
del
tan
codiciado
medicamento.
Y,
como
todo
recomendador,
ofrece
la
primera
muestra
gratis
de
su
propio
envase.
Y de
un
paciente
se
pasa
a
dos,
o
tres...
El
uso
de
psicofármacos
se
da
tanto
en
gente
joven
como
de
edad
avanzada.
Dentro
de
los
casos
que
sí
pasan
por
las
revisaciones
médicas
correspondientes
preponderan
los
trastornos
de
ansiedad,
la
depresión,
los
ataques
de
pánico,
las
fobias
y el
insomnio
como
los
más
repetidos.
El
hecho
de
que
esto
suceda
tiene
que
ver
con
la
crisis
global
que
atravesamos,
en
donde
la
abundancia
de
situaciones
límites
ponen
a la
población
en
un
lugar
muy
vulnerable,
en
donde
las
fragilidades
están
a
flor
de
piel.
Las
estadísticas
sostienen
que
luego
del
2001
el
uso
(o
abuso)
de
estas
drogas
legales
aumentó
considerablemente.
Argentina
es
uno
de
los
países
que
más
alto
se
posiciona
en
el
ranking
de
consumo
de
psicofármacos
per
cápita.
También
es
importante
destacar
el
papel
de
la
Psicología
y la
Psiquiatría
en
la
actualidad,
las
dos
ciencias
responsables
de
coordinar
estas
drogas
en
conjunto
con
la
terapia
o
los
tratamientos
adecuados,
según
los
profesionales
lo
crean
necesario.
El
avance
de
las
dos
“Psi”
ha
causado
importantes
beneficios
dentro
de
los
pacientes
con
trastornos
mentales;
y es
en
ellos
en
donde
ansiolíticos
y
antidepresivos
deben
usarse.
Existe
un
costado
económico
que
no
puede
eludirse
a la
hora
de
pensar
en
psicotrópicos:
estos
son
un
negocio
millonario.
Se
encuentran
dentro
de
los
más
vendidos
dentro
del
contexto
nacional
y
los
porcentajes
aumentan
constantemente.
Así,
cada
vez
son
más
los
laboratorios
que
se
dedican
a su
producción.
La
toma
de
conciencia,
las
campañas
educativas
y la
opción
de
recurrir
a
otras
posibles
soluciones
son
puntos
clave
para
que
la
utilización
de
estos
medicamentos
sea
seria
y
acorde
al
cuadro
de
cada
persona.
Y
para
esto,
es
necesario
el
compromiso
de
dos
actores
principales:
el
gobierno
y la
población.
Guadalupe
Rivero