|
|
|
Leo en tu mensaje, el temor a cambiar, lo leo entre las letras que forman las palabras escritas en tu mensaje.
Leo la intensidad de tu voluntad por modificar a ese Otro, que hoy se ha puesto del otro lado, enfrente, desapegado.
Leo en el desapego de esa persona a la que no conozco y me cuentas, la urgencia por desprender sus últimas adherencias a la relación.
Leo que todavía crees que el amor es todo, y en la palabra que circula nuestra boca para pronunciarla , duele la redondez absoluta y el círculo cerrado a otras posibilidades de sentir, de vivir, a otras libertades.
Leo que has sido todo para esa persona y que ella ha sido todo para vos.
Leo todo, y la totalidad es dolorosa cuando se abre y transforma en nada.
Leo nada y la boca se distiende rígida y terca para pronunciarla.
Leo, me leo contestándote.
Escribiéndote y escribiéndome, intentando hacernos recapacitar a ambas para que comprendamos que todo y nada, no existe.
La totalidad, la nadalidad no son reales.
Desde el momento en que decimos ...no me importa nada.
O tu amor de ayer te dice ...ya no me importa nada.
Reflexionas y piensas:-Yo le di todo.
Y en tu reflexión me escucho a mí misma y a otras y otros que han dicho lo mismo. Animemos a preguntarnos...¿Qué es o fue todo? ¿Qué es o fue nada? El principio, el fin ...¿cuando nacen en el amor y en el desamor? Es imposible dar todo, vaciarnos, descelularnos íntegros. Tampoco es posible no dar nada, cuando hablo del que me amó y ya no me ama , algo le estoy dando, aunque sea desprecio o dolor.¿Son las relaciones un juego? ¿Un juego doloroso? Tratamos de amoldarnos, o amoldar al que amamos a una realidad que es diferente para ambos. Leo y en tu mensaje, dolido por la situación que vives hay una palabra escrita que me llama la atención y despierta en mi cierta inquietud familiar y desconocida.
No por el error de la escritura, sino por la certeza del significado. Cuando las palabras que ya existen no expresan al usarlas una emoción válida , exacta , que de idea de lo que pasa en nuestros sentimientos...
“...Lo note mas cerrado que nunca, primero estaba con una cortina de acero y se notaba muy disgustado con migo...”
El “con migo” , el error de la escritura encendió una luz en mi comprensión. En la comprensión de mí misma.
Y sentí, sentí mientras te leía , que tu pena develaba ante mis ojos , como en un espejo que yo también sufro una separación, la escisión en mi misma.
Esa separación entre las sílabas ,me mostraba tus sentimientos y también los míos en esta situación que estamos atravesando . Parecidas y distintas.
No sé si el con migo fue casual o erróneo , pero me hizo notar , cómo por ese espacio, ese lugar, donde presiento que no estoy en mí misma , se escapan mis fuerzas, mi energía hacia quien o quienes no pueden asimilarla o no la necesitan, dejándome debilitada e ignorante.
Leo , y trato de acercar a mi las palabras y sus antiguos significados, surgidos de la vida misma , de pronunciarlas de adecuarlas a las necesidades de ser entendidos, comprendidos.
Leo y sé que cada palabra, es incomprensible en parte, para el que las escucha, porque no se puede ver ni sentir la carga afectiva que traen. Y en cada uno repercute según sus propios sentimientos o experiencias.
Aparecen, como siempre los recuerdos de la infancia, tan intensa. La escuela, las matemáticas, la ortografía....
Esta palabra esta mal escrita-decía mi maestra-para mañana , la buscas en el diccionario y la repites en el último renglón de la hoja de tu cuaderno.
Así lo hacía , así lo haré.
Somos realmente como somos cuando nos enojamos.
Cuando la ira nos inunda, sin piedad, burlándose de nuestras buenas intenciones de ser mejores personas.
El enojo hace vibrar todo nuestro cuerpo mas aún que el mayor de los placeres amorosos.
El objeto de nuestro enojo nos atrae más, que el más grande amor que hayamos sentido.
Cuando nada ni nadie nos distrae del morboso placer de enojarnos, explotar , salir de nosotros mismos, de lo mejor de nosotros mismos.
Cobardemente sentimos el temor a nuestro alrededor, y a veces hasta alardeamos de él, sabiendo que en instantes nos sentiremos miserables y desearemos pedir perdón por lo que en el preciso instante en que lo pensamos, ya, lo estamos diciendo.
Esa situación única, en las que el pasado que nos habita se vuelve presente y ese conglomerado de era y soy pasa a lo que seré, instantáneamente, ...una persona arrepentida.
Arrepentida, una vez mas de no haber podido contener, una vez mas, al torbellino insaciable de la ira, una vez mas.
Cuando las aguas se retiran, un olor fétido aparece en mí, el olor de mis palabras , el de mis gestos, el de mi enojo incontenible ante mi debilidad.
La debilidad en la que me hundo cuando me enojo...
Con vos ...que me amás.
Con él...que me respeta.
Con ella...que me acompaña.
Con la otra...que me necesita.
Con todos... a los que amo y me aman.
Ya esta altura el olor de mi enojo no me deja respirar, me ahoga, me asfixia y a pesar de todo sigo hablando, y hablando en el sinsentido del enojo.
Cuando me silencie, sé lo que me preguntaré, lo que me pregunto siempre...¿Soy realmente ésta que soy cuando me enojo?
Dolorosamente me dijo que sí, me acepto defectuosa e iracunda, y pido y ruego a mi misma otro perdón, otra oportunidad.
|
|
|
|
|
|
|
|