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Las palabras pierden su esencia, la profundidad de su significado por el uso habitual. Es de uso corriente la palabra estrés para referirnos a distintas sensaciones: agotamiento, nerviosismo, agresividad, irritabilidad.
Vamos quitando importancia a nuestras acciones descontroladas envolviéndolas , suavizándolas, justificándolas bajo la denominación de estrés.
Inclusive hasta la mala educación, la falta de respeto hacia los demás se le achaca al estrés y seguimos tan tranquilos ...preferimos pensar que estamos enfermos a hacernos cargo de nuestras acciones
¿Cómo trabajo el estrés en la práctica de Yoga?
Uniendo la palabra con el movimiento.
Al comenzar la práctica, sentados en postura cómoda en la colchoneta dedicamos unos minutos, a hablar.
El tema surge espontáneamente, hemos bajado ya el nivel de exigencia con solo quitarnos el calzado y sentarnos en el suelo.
La conversación transcurre en quince o veinte minutos, pero es como un lastre que se deja de lado y aliviana el cuerpo.
Generalmente elijo una palabra para trabajar, en este caso serenidad.
Tendidos en la colchoneta, pensamos en la palabra serenidad y su real significado.
Estar tranquilos, pero alertas, serenos pero atentos. En nuestra práctica , relajados, pero conscientes de lo que pasa en nuestro cuerpo y en nuestra mente.
Luego de un breve relax, serenos, alertas comenzamos nuestro trabajo articular. Desde la cabeza a los pies. Todo el cuerpo participa, no queda articulación que no sea tenida en cuenta. La mente habita el cuerpo, la mirada mental puesta en el grupo articular que se esta trabajando. Reconocemos la sensación de calma en el ritmo respiratorio.
Ya de pie, realizamos el Saludo al sol y trabajamos nuestra columna en progresivas flexiones hacia delante y atrás.
Completamos el trabajo con flexiones laterales y de torsión.
Vueltos a la colchoneta trabajamos con posturas invertidas y su complementaria.
Postura del pez
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Postura del puente
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A medida que se realiza el trabajo vamos viendo como el aprendizaje del cuerpo en la práctica puede ser utilizado en nuestra vida cotidiana. Insinúo a mis alumnas a preguntarse una vez concluida la postura y en el descanso entre una y otra : ¿qué aparece en mi cuerpo? ¿en mi mente? ¿hay algún sentimiento que desea aflorar?
Si es así, serenamente dejo que fluya, sin preguntar, sin emitir juicio. Imagino que me desprendo de situaciones pasadas, ya inútiles o experiencias que ya no sirven.
Para finalizar la práctica , un trabajo de imaginación que enriquezca la experiencia.
Mis alumnas de Yoga son aprendices conscientes de la vida.
Entre las que son y las que lo fueron hay diversidad de edades, situaciones y experiencias vitales.
Durante la práctica ocurre entre nosotras una corriente de energía que trasmite mensajes entre unas y otras.
El silencio, la tranquilidad, la atención prestada a la práctica nos hace interpretarlos.
Las alumnas han llegado de diferentes maneras, rara vez por recomendación de otras alumnas.
Es posible que resulte difícil compartir la profesora con amigas o familiares... ¿celos? ¿temores? ¿privacidad?.
Me han conocido por Internet, viven en mi barrio, una amiga les contó que su vecina es alumna mía, leyeron un volante con mi teléfono, nos encontramos por casualidad, y así casi con todas.
Mis amigas no toman clases conmigo, pero sí alguna de mis alumnas se ha convertido en amigas.
Mis familiares tampoco asisten a mis clases. Pero me traen referencias de “descubrimientos” acerca de temas de los que en alguna oportunidad hemos hablado.
Es mejor así.
Es interesante el encuentro de dos desconocidos. Surgen de allí vivencias importantes, sobre las que posteriormente siempre conversamos.
Por parte de mi futura alumna o alumno aparece :
- Temor a lo desconocido
- Una extraña en mi casa (cuando las clases son a domicilio)
- Una señora que no conozco viene a visitarme (cuando mi futura alumna es una persona muy mayor).
- ¿Qué haré si la clase no me gusta? (todos)
- Nunca hice Yoga
- No se si me voy a poder levantar de la colchoneta.
Y también desde mí misma...
- ¿Podré comprenderla? (si es muy joven)
- ¿Podré contenerla? (si es muy mayor)
y viceversa.
- ¿Estaré a la altura de las circunstancias?
Cuando una persona me convoca a ser su profesora de Yoga charlamos brevemente por teléfono.
Trato de escuchar su mensaje y combinamos un encuentro. Aparece en mi la expectativa.
Sentada en mi colchoneta, apoyada en la pared, me observo respirar, los ojos cerrados, las manos sobre los muslos, blandas y cálidas. Me calmo.
Llevo el aire de la inspiración al abdomen y doy mas capacidad a mis pulmones.
Inspiro y lentamente cuento hasta cuatro.
Exhalo y lentamente cuento hasta ocho.
Repito una y otra vez hasta calmarme totalmente.
Relajada, tranquila, respiro normalmente.
Espontáneamente....pienso en la práctica que puede ayudar a mi nueva alumna.
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